sábado, 21 de junio de 2008

Si vos fueras vino... me deleitaría sólo con verte encerrado en la botella e imaginando los placeres que tendría contigo. La espera para contactarte sería como esos momentos en que uno hunde el sacacorchos y lentamente lo va introduciendo para luego sacarlo con gran cuidado, para que no se desgrane y arruine el líquido.

Si vos fueras vino... y yo te descorchara, impregnaría mi olfato con tu aroma, descubriendo cada uno de los pasos que tuviste que dar en tu vida para llegar a tener todas esas fragancias.

Si vos fueras vino... te volcaría de a poco en una copa de cristal, inmensa, transparente, límpida, sólo para mirar tu color rojo sangre a trasluz, e imaginar imperfecciones en donde no existen.

Si vos fueras vino... te daría alguna vuelta en la copa con la intención de que te quedaras agarrado del cristal, para pensar que de esa misma forma quedarías aferrado a mi alma y a mi vida. Porque sos como un caldo espeso, de esos que tiñen hasta el más puro cristal, de esos que no se olvidan con facilidad.

Si vos fueras vino... olería otra vez el aroma que despides al ponerte en contacto con el aire y te imaginaría en la vid, cuando aún eras racimo de uva madurando al sol y crecía sólo para mí.

Si vos fueras vino... te pondría en mi boca con un pequeño sorbo y haría que cada una de mis papilas te degustaran. Te apretaría con mi lengua contra el paladar para exprimirte y sacarte hasta la última molécula de sabor. Y para no desperdiciar nada y que todos mis sentidos quedaran impregnados de tí, exhalaría el aire por la nariz, para que también allí estuvieras presente.

Si vos fueras vino... te gozaría sorbo a sorbo, sin prisa, sin apuros, sin tiempo.

Si fueras vino mi Señor... valdría la pena volverse catadora sólo por probarte...

lunes, 16 de junio de 2008

A veces pienso si es que soy sólo impulsiva. Quizás sea también atrevida y kamikazi. Pero debe de haber una buena razón para que me lance a tocar y opinar sobre temas tan escabrosos y polémicos como este. Nunca espero que alguien esté de acuerdo conmigo, ni siquiera mi Amo, pero es mi forma de pensar y así lo dejo saber.

Creo que el pensamiento es algo cambiante, totalmente variable y transformable a través del tiempo. Y cuanto más tiempo pasa, el pensamiento más continúa su transformación. O no. Hay formas de pensar, valores -sobre todo éticos y morales- que no cambian ni se alteran a lo largo de la vida. Cuando pequeña sabía y pensaba que robar era malo y hoy sigo pensando lo mismo, no varié mi pensamiento. Pero antes de casarme pensaba que la virginidad era una virtud y ya hace muchos años que la virginidad ha dejado de ser un valor para mí.

Cuando entré al mundo del spanking lo hice como una persona totalmente ignorante del tema, solo sabía que era lo que me gustaba y excitaba desde siempre. De a poco fui aprendiendo con lo que leía de otra gente con más experiencia que yo más lo que recogía de páginas y blogs. En el error o en el acierto fui con el tiempo sacando mis propias conclusiones.

Desde hace años que se ha venido suscitando en algunos grupos de spanking el tema del Spanking y las Nalgadas: diferencias y similitudes, adeptos y detractores de uno y otro. Sobre este tema surgen una gran variedad de subtemas con infinidad de preguntas. Los subtemas y las preguntas pueden servir tanto para el Spanking como para las Nalgadas, pero las respuestas son totalmente diferentes dependiendo de quienes respondan.

Entonces: ¿qué es para mí el Spanking y qué son las Nalgadas?.

Spanking:
-Es parte del BDSM
-Consiste en nalguear o azotar con cualquier instrumento las nalgas y parte de los muslos de la persona sometida por parte del Dominante.
-Esta disciplina se puede realizar sola o acompañada de cualquier otra disciplina del BDSM como por ejemplo el bondage (una simple atadura de muñecas y/o tobillos hasta algo más completo y complicado), mordazas, vendas, humillación o más.
-Puede usarse para impartir disciplina, como parte del entrenamiento del sumiso o también como juego erótico.
-La sesión puede ser o no con sexo (penetración).
-Si es BDSM también debe de cumplir con otras premisas:
a) EPE o TPE: intercambio de poder (erótico o total)
b) Sadismo y masoquismo
c) Dominación y sumisión
d) SSC/RASK -Sano, Seguro, Consensuado


Nalgadas:
-No pertenece al BDSM
-Consiste en nalguear o azotar con cualquier instrumento las nalgas y parte de los muslos de la/el spankee por parte de la/el Spanker.
-Las nalgadas son un juego en sí mismas y las variaciones siempre se darán dentro de un contexto: la/el spankee que hace algo mal y es castigada/o por el/la Spanker. Puede haber o no juego de roles.
-Puede usarse para puro placer (nalgadas eróticas) o para impartir disciplina (nalgadas disciplinarias). En caso de las nalgadas eróticas seguramente la sesión incluya sexo, o mejor dicho, penetración. Si son nalgadas disciplinarias, casi seguro que no sea con sexo. A veces el/la Spanker decide usar el sexo anal como castigo, como humillación.
-Como en el Spanking, en las nalgadas hay:
a) EPE o TPE: intercambio de poder (erótico o total)
b) Sadismo y masoquismo
c) Dominación y sumisión (el Spanker es un dominante y la/el spankee se somete, a pesar de su aparente rebeldía, al “poder” que concedió con anterioridad)
d) SSC/RASK – Sano, Seguro. Consensuado

Entonces, nos podemos preguntar ¿cuál es la diferencia entre el Spanking y las Nalgadas?

1) En el Spanking se usan también otras disciplinas del BDSM, en las Nalgadas no.
2) En el Spanking se azota a una sumisa (spankee, sumisa o esclava), en las Nalgadas sólo se azotan spankees que NO son sumisas. Las defensoras de las Nalgadas no se consideran sumisas, aunque la “rebeldía” de la que hace gala la spankee sea ficticia y sólo parte del juego.

Ahora quisiera compartir con ustedes el punto de vista que tenía como spankee y el que tengo ahora como sumisa.

Fui en mi momento una de las más grandes defensoras de las Nalgadas, pero yo siempre mantuve ideas que mis amigas spankees no compartían:
-Siempre dije que a mí me gustaban las nalgadas con “toques” de BDSM, como algo de bondage, mordaza y venda entre otras cosas.
-Siempre dije que para mí las nalgadas formaban parte del BDSM
-Y una idea que creo muchas compartimos es que l@s spankees no son sumis@s, sino simplemente tienen actos de sumisión. ¿Por qué digo que no son sumis@s a pesar de que se someten? Porque la actitud es diferente y creo que todo pasa por la actitud.

El rechazo más grande de los partidarios de las Nalgadas hacia el Spanking, no es por el Spanking mismo, sino porque este pertenece al BDSM y la mayoría de los spankos lo sigue viendo como un tenebroso castillo lleno de habitaciones oscuras y tétricas mazmorras donde sólo hay dolor, tortura y miedo. En cambio las nalgadas están fuera del castillo, en los jardines llenos de flores, mariposas y pajaritos y las sesiones trascurren a la luz del sol brillante y claro, en armonía y felicidad, entre los rezongos de l@s Spankers y las travesuras de l@s dulces spankees.

Una querida amiga ha intentado muchas veces sacarme del castillo, “rescatarme” de allí incluso cuando aún no me había convertido en sumisa, porque ella tiene la idea de que dentro del castillo todo es tenebroso, tétrico y oscuro; admito que en su momento yo también lo veía así, pero a la vez admitía que el Spanking formaba parte de este castillo y estaba relegado en un cuarto pequeño, mientras que el resto de las disciplinas tenían un lugar mejor. Ese “era” mi pensamiento.

Ahora, como sumisa, mi visión ha cambiado en algunos aspectos. El Spanking sigue siendo básico para mí, y sin duda la disciplina que más disfruto dentro del BDSM. Hoy vivo dentro del castillo y me siento cómoda en él. Me doy cuenta que este lugar es tan tétrico, oscuro, perverso y maligno como mi Amo y yo decidamos que sea, y cada persona que practica una disciplina en el castillo del BDSM ambienta su lugar a su real gusto, saber y entender, sin que por eso sea mejor o peor, simplemente es como cada uno quiere que sea y como cada uno lo disfruta…

Mi intención principal al escribir este artículo, es que todo esto sirva para unir las Nalgadas y el Spanking, que no son dos disciplinas diferentes sino que es la misma. Si vemos las definiciones, la única diferencia entre Spanking y Nalgadas es que la primera pertenece al BDSM y la segunda no, porque sus seguidores dicen que no es BDSM aunque haya Dominación, sumisión, sadismo y masoquismo.

El/la Spanker domina aún con un poder que le fue concedido; la/el spankee se somete, porque así lo desea, pero se somete aún en la rebeldía que lo caracteriza; el Spanker es un sádico que se excita con el placer que le causa a la spankee cuando la azota; y la spankee es masoquista dado que disfruta y se excita con el dolor que recibe cuando está siendo nalgueada y también con el entorno, la humillación del rezongo y de las poses que es “obligada” a adoptar, la entrega de poder y todos los componentes que tiene una azotaína.

Por supuesto que como dije desde un principio, esto es sólo mi óptica, mi punto de vista. Así que estoy saliendo a pedir ayuda y opinión a Spankers y Am@s, gente con experiencia que sabe del tema para que compartan con nosotros su forma de pensar. También le estoy pidiendo opinión a los spankees puros, a los spankees que se han convertido en sumisos y a los sumisos y esclavos que siempre se han sentido así.

El próximo artículo será para que hablen los Dominantes, y cerrarán el ciclo los sumisos.

miércoles, 4 de junio de 2008

Hoy me escribió un Amo español a quien el otro día yo le contaba de mi ansiedad e impaciencia. Ansiedad por aprender, por tener más horas de contacto con mi Amo, por querer que ocurra ya mismo lo que va a ocurrir y por supuesto, por adquirir todo el conocimiento en este mismo instante.

En el mail que hoy me envía, me acerca unos párrafos escritos por otro Amo: SirGod. Y dice lo siguiente:

“¿Qué AMO no se siente dichoso de ser paciente y sosegado?, ¿Qué AMO no disfruta saboreando el tiempo y las ganas?, ¿Qué AMO no seduce solo con su contemplación serena?. Y sin embargo, siente ansias. Mantiene la ambigüedad hecha espacio y tiempo, lejanía y abandono y siente ansias…”

Y hay otro apartado más donde agrega:

“Qué increíble orgullo provocar la ansiedad, culminación de una seducción imperecedera.. orgullo del ser causante, tortura gentil del que la sufre. AMO o esclava, qué más da para sentir los designios de la diosa ansiedad que nos conduce a la impaciencia, torpe, absurda, tremenda...”

Pues quiero decirle a mi querido amigo (espero que me permita llamarlo así) que me ha hecho pensar, y como siempre, los hago partícipes de mis pensamientos. Ahora, sin querer ser pretenciosa, me gustaría dar mi punto de vista como ser humano y por supuesto como sumisa, a las palabras de SirGod.

Mi impaciencia y mi ansiedad son parte de mi personalidad. Confieso y admito que el ser de esta manera me ha acarreado más de una dificultad; leyendo estas palabras me he dado cuenta de mi error, aunque “el darse cuenta” es para mí tener la mitad del camino andado.

Por ejemplo: hoy estoy ansiosa porque en dos días estaré ante la presencia de mi Amo. Eso hace que mi mente vuele e imagine cómo será el encuentro y la sesión. Muchas, pero muchas veces deseo saber todo para ser la sumisa “perfecta” para mi Amo. Pero Dios, la vida o el destino me envió a mi querido amigo quien me ayudó a ver otra cosa:

“anita… ¿te has dado cuenta de la maravillosa etapa en que te encuentras? Disfrútala, porque cuando seas una sumisa experimentada se habrán acabado las sorpresas y los descubrimientos. En cambio hoy, todo es nuevo…”.

¡Qué gran verdad! En el momento en que lo dijo me sentí como una niña pequeña que se deslumbra ante el vuelo de una mariposa, o que puede pasarse horas con un palito persiguiendo una hormiga, o disfrutar corriendo en contra del viento con una cometa (barrilete, papalote) en la mano. Quiero seguir asombrándome de las cosas que descubro, gozar de las sesiones en las que aprendo y vivo nuevas sensaciones, experimentar nuevas emociones en los instantes en que pienso: “nunca había sentido algo así” ante una sensación jamás vivida.

Hoy quiero dejar de lado mi ansiedad. Hoy quiero disfrutar de esta espera. Hoy quiero gozar hablando con mi Amo a la distancia, escribiendo en nuestro blog y compartiendo momentos inolvidables, hasta que este río que nos separa sirva para unirnos.

Medito en los momentos en que hemos estado juntos y me doy cuenta que mi ansiedad no me ha permitido gozar adecuadamente la espera. No he disfrutado la exquisita agonía de estar sin él ansiando que llene la habitación con su presencia, ni la deliciosa tortura de su dulce silencio al caminar a mi alrededor observándome, deleitándose con mi postura, con mi entrega, con mi gratitud.

Porque… ¿qué momento es más gozoso: la espera de lo que acontecerá o el acontecimiento en sí? Mientras que espero, si sé disfrutarlo, es delicioso pensar y soñar con lo que vendrá (y no hablo de tener falsas expectativas, que es otra cosa). Y luego que el hecho pasó, si lo viví con el alma y el corazón, seguramente me deleite y me regodee con las imágenes que guardo en el cofre de mis recuerdos. Pero el momento en sí, pasará rápidamente. ¿Cuál sería la clave para que pase más despacio? Simple: dejar de lado la ansiedad y gozar con cada uno de los instantes mágicos que la vida me está regalando…

Yo siempre he admirado a mi Amo por su paciencia, porque esta le permite ser más cerebral y sabio. En cambio yo… ansiosa, impulsiva, dejándome dominar por los sentimientos y las emociones, me pierdo de no disfrutar debidamente las delicias que podría regalarme el ser paciente.

Gracias al Amo español que me regaló esto para poder meditar y seguir creciendo como persona y como sumisa. No lo nombro porque no le he pedido permiso para hacerlo, pero él sabe de quién hablo.

Creo que la próxima sesión con mi Amo será diferente, porque ya me estoy preparando de otra forma. Igual, tengo muchas ganas y ansias de ver a mi Señor, pero esta vez… disfrutaré la espera en vez de sufrirla.


“Ansiedad… de tenerte en mis brazos
musitando palabras de amor.
Ansiedad, de tener tus encantos
Y en la boca volverte a besar…”

viernes, 23 de mayo de 2008

Hace más de un mes que firmamos el contrato de sumisión. No quiero aburrirlos volviendo a contar que buscando hacer el contrato “perfecto” cometí una tontería que como siempre, la reconozco después de hecha. Fueron horas perdidas, eso sin contar el aburrimiento de los dos amigos que actuaron de testigos aquella noche, escuchando con infinita paciencia el interminable contrato. Admito que mi ego está herido y espero poder perdonarme, porque mi Amo ya lo hizo desde el momento en que me permitió continuar para que aprendiera de mi propia experiencia y yo sola me diera cuenta de mi error. Así que hoy no les voy a hablar de todo esto, sino que quiero concentrarme en otro aspecto de esa noche.

Viajé un par de días antes desde Montevideo hasta Buenos Aires para estar preparada para ese día. Metí en la maleta los elementos de siempre teniendo mucho cuidado con el contrato, al que coloqué en un lugar especial para que no se arrugara, empacando con el mismo cuidado y amor el collar de ceremonias con las iniciales de mi Amo, la pulsera con placa identificatoria con mi nombre y su collar, los pendientes en forma de salamandra que él me obsequió y como sorpresa me había comprado un anillo con la misma figura. La ropa estaba perfectamente acomodada en las correspondientes bolsas, así como la ropa interior y el calzado, todo en estricto color negro. Yo sabía que todo esto eran simples detalles, que sí incidían porque formaban parte de la ceremonia y porque quería agradar a mi Amo, pero no era lo más importante.

La mañana era gris y había bastante niebla. El buque que cruza el Río de la Plata, el río más ancho del mundo, y une Montevideo con Buenos Aires en sólo tres horas, salió en horario. Me ubiqué sobre uno de los ventanales mientras adivinaba el Cerro de Montevideo camuflado entre la niebla. El barco comenzó a alejarse y mi pensamiento también.

Había tomado una decisión y quería estar segura de ella. Ya era sumisa de Sir Williams, pero este paso era más importante que el anterior. No era una “pisadita de pollo” como las que había dado hasta ahora, sino que era algo que para mí tenía un sentido trascendental. No era un juego, era un compromiso.

El barco avanzaba, abría el agua con velocidad, casi con violencia. Es un barco rápido, muy veloz, casi tanto como mi deseo de avanzar en la sumisión. Se me ocurrió hacer una comparación: que yo era quien manejaba ese barco navegando entre la niebla y que mi Amo navegaba en un pequeño velero. Pero… él tiene experiencia y sabe cómo navegar; conoce las aguas, maneja la brújula, sabe exactamente a dónde se dirige y cómo llegar. En cambio yo… me siento como manejando esa veloz embarcación sin tener la menor idea de barcos, ni de brújula, ni timón, ni cartas de navegación ni nada. Sólo sé que voy para allá, para adelante.. y me lanzo con mi usual impulso y arrojo. Pero allí está mi Amo, delante de mí, andando muy despacio. Sé que no va despacio porque no sabe, sino para “obligarme” a andar despacio a mí. A él le interesa mi educación, así que navega suavemente para que yo vaya al ritmo que debo ir y no al que deseo. Y yo lo acepto y se lo agradezco.

A veces le pido determinadas cosas, y él ni siquiera me regala una mirada, simplemente me dice: “No anita, todavía no estás preparada para eso”. Sé que es así, pero… esta ansiedad que me domina muchas veces también me nubla la mente.

En dos días firmaría el contrato de sumisión. ¿Qué significa eso? Significa que le entregaré la capitanía de mi barco. Significa que en los meses de consideración estudió mi persona y mis límites. Significa que estoy dispuesta a entregarme a él con todo mi cuerpo. Mi cuerpo será suyo como si viviésemos un 24/7, y mi mente y mi alma le pertenecerán en los momentos en que estemos juntos.

Y allí vino la pregunta que me había hecho mil veces… “¿estoy enamorada de mi Amo?”. Y la respuesta fiel y franca es “No”. Entonces… ¿por qué estoy dando este paso tan importante?

Mi mente era un torbellino de pensamientos encontrados. La niebla espesa había entrado en mi cabeza y no me permitía aclarar las ideas. ¿Por qué yo quería entregar tanto a un hombre que no amaba? ¿Por qué confiar tanto en él? Hacía más de dos años que lo había conocido en los grupos de Spanking, y después de muchos meses de silencio había reaparecido y nuevamente me había sentido atraída hacia él como un trozo de metal es atraído por un imán. Luego lo conocí personalmente una tibia noche de diciembre, cuando me sentí impactada por ese hombre enigmático, misterioso, sobrio, divertido y bromista dentro de su seriedad, impresionantemente inteligente, y con unos ojos verdes capaces de trasladarme al séptimo cielo o hacerme descender al último infierno… ¿Estaba dispuesta a abandonarme en aquel ser humano con el que compartí varios días de mi vida? ¿Me entregaría sin reservas a él? Sí, sí, sí… la respuesta afirmativa no se hacía esperar y me resonaba en el cerebro como para convencerme de lo que ya estaba convencida.

Sí, ese hombre sería mi Amo porque todo mi ser: mi mente, mi cuerpo y mi alma me estaban gritando que esa era la persona correcta, era quien yo estuve esperando durante mucho tiempo. “¡Pero no lo amas!”, me gritaba la parte racional de mi mente. “Sí, el amor se dará con el tiempo… o no. Lo importante es que sé que estoy con la persona adecuada, con la que me llevo bien, con la que me siento segura, protegida, querida, guiada, con la que me siento como la joya que soy para él, con la que me trata como una reina… Estoy segura que es el Capitán a quien le puedo dar el mando de mi buque con la seguridad que lo llevará a buen puerto, al mejor, al que quiero arribar: al de mi completa sumisión”, respondió mi parte emocional.

La niebla seguía espesa, pero ya estábamos llegando. La luz de un pequeño faro me hacía guiñadas indicándome que estaba en el camino correcto. Me acordé de Jorge Drexler y la canción que ganó el Oscar:

“Clavo mi remo en el agua
Llevo tu remo en el mío
Creo que veo una luz
al otro lado del río…”

Mi remo será el de mi Amo. Para mí la guía, el principio del camino de mi total entrega y sumisión estaba allí: al otro lado del río.

domingo, 11 de mayo de 2008

Yo lo sabía... Sabía que el momento de firmar un contrato llegaría a su debido tiempo.

Hace poco más de un mes mi Amo me preguntó si quería seguir adelante con la relación, si estaba dispuesta a dar el siguiente paso. Le contesté que sí sin dudarlo, por fin entraría en la etapa del entrenamiento. Para entrar en esta etapa siguiendo el protocolo del BDSM, habría que firmar un contrato de sumisión, y era yo quien debía redactarlo según me dijo mi Amo.

La idea me asustó un poco, pero… ¿para qué está San Google? Allí me dirigí y en segundos tenía ante mí varias opciones, ejemplos de contratos que otros ya habían usado y que los ponían en exposición para que, en casos como el mío, pudieran servir de ejemplo o ser copiados tal cual. Pero… unos eran muy concisos, y otros muy extensos, ninguno me convencía totalmente. Tenía el pedido de mi Señor y varios modelos a elegir, pero aún así no lograba dar con lo que yo quería.

Mi Amo eligió uno simple, demasiado simple para mí. Dejaba muchos “vacíos”, muchas cosas sin cubrir, sin explicar. Así que busqué y entre varios armé un contrato de chiquicientas páginas. No quería dejar nada sin poner, sobre todo mis límites y mis obligaciones.

Hoy, a menos de un mes de haber firmado el contrato, me doy cuenta de mi error y de mi tontería. Me tengo que perdonar a mí misma por mi inexperiencia, y cuando lo haga también le pediré disculpas a mi Amo, aunque él está claro en este tipo de cosas y simplemente me deja hacer hasta que yo me doy cuenta de mis errores. Entonces él, simplemente me mira y sonríe...

Para poder explicar mi “descubrimiento”, permítanme compartir con ustedes algo que me sucedió hace unos años. Una vez, un abogado entrado en años y con mucha experiencia, me hizo un contrato para un negocio. Al leerlo, ví que tenía varios puntos que no se habían cubierto, así que me dirigí al letrado y le dije que ese contrato estaba incompleto, que le faltaba tal y cual cosa. Recuerdo que me miró y se sonrió, pasó su brazo sobre mi hombro y me dijo: “Ana Karen… nunca va a encontrar un contrato que cubra absolutamente todo. Le voy a decir algo: cuando firme un contrato, fíjese que tenga lo básico, lo imprescindible, pero… no es tan importante el contrato en sí como la persona con quien lo está firmando. Si la otra persona es un jodedor, no habrá contrato que la salve. Si la otra persona es un ser humano derecho, el contrato pasará a ser un mero formulismo casi sin importancia”.

Lo recordé demasiado tarde, pero lo recordé, y creo que llegó el momento de que mi Amo me mire y sonría, porque sabe que confío en él plenamente. Con o sin contrato de por medio.

anitaK[SW]

lunes, 5 de mayo de 2008

Hace unos días en un programa nostalgioso de la radio, pasaron esta canción que solía escuchar de niña interpretada por un cantante chileno: Rosamel Ayara. Se llama “propiedad privada” y quizás alguno de ustedes la recuerde:

Para que sepan todos a quien tú perteneces,
Con sangre de mis venas te marcaré la frente.
Para que te respeten aún con la mirada
Y sepan que tú eres mi Propiedad Privada
Para que aprendan todos a mirarte con ansias
Y que conserven todos respetable distancia
Porque mi pobre alma se derrite de celos
Y no quiero que nadie respire de tu aliento
Porque siendo quien eres no me importa más nada
Que verte solo mía, mi Propiedad Privada
Que verte sólo mía, mi Propiedad Privada

Al repasar esta letra no pude menos que pensar en mi Amo. Me puse a reflexionar entonces que en la vida cotidiana podemos ver con cierta frecuencia carteles en terrenos o casas que dicen “Propiedad privada – No pasar”. Un símbolo similar es para mí el collar de mi Amo. Cuando firmo anitaK[SW] es como colocarme un cartel imaginario que dice “Propiedad Privada”.

El collar es sólo un símbolo, pero cada vez que lo uso me siento perteneciente a Él, y cuando no lo uso… también. Entonces es responsabilidad del Amo que se dirige a mí hacerlo con el debido respeto, pero… he comprendido que también es mi responsabilidad el darme mi lugar si el otro, Amo o no, quiere tomar un sitio que no le corresponde, o hace insinuaciones que no son respetables.

Desde antes de entrar al mundo de la sumisión y también dentro de él, una de las cosas que Sir Williams más me destacó fueron los Códigos no escritos que existen en el BDSM. Hay Códigos de Honor y de Respeto entre sus miembros, se conozcan personalmente o no. Uno de estos Códigos, quizás el que más llamó mi atención, fue el del respeto de un Amo por las posesiones de otro Amo. Si una sumisa o esclava lleva el collar de un Amo, es obvio que es de su pertenencia, que es “propiedad privada” y ningún Amo que se precie de tal se atrevería siquiera a hacerle una insinuación. Pero lamentablemente no siempre es así.

Quizás se pregunten ustedes el por qué de este post. Y la respuesta es que sentí la necesidad de escribirlo porque hay “pseudo” Am@s que ignoran totalmente el collar que ostenta el/la sumis@, con una total falta de respeto y de ética por los Códigos no escritos pero sí sabidos del BDSM.

Sé que no estoy diciendo nada nuevo y pido disculpas por ello. Pero no me gustaría que piensen que las sumisas o esclavas que somos totalmente noveles en el BDSM no conocemos estos códigos o peor aún, que somos capaces de romperlos, porque personalmente lo tomo como una ofensa, ya que interpreto que la persona que hace la insinuación está pensando que yo soy capaz de no cumplir con mi palabra. Y eso me ofende.

domingo, 27 de abril de 2008

Desde mi punto de vista, que no es el sumiso evidentemente, hay cientos de razones por las cuales una spankee o inclusive una mujer vainilla puede querer ser sumisa. Tiene especial importancia su naturaleza, su necesidad de explorar su sexualidad más allá de convencionalismos y su predisposición a vencer infinidad de tabúes, vergüenzas, temores y un bagaje de conceptos culturales impuestos por la educación familiar y por la Sociedad, por ejemplo, sobre lo que está bien y lo que está mal, lo que es normal y lo que es anormal. Pero atención, lo mismo sucede con los Dominantes, más allá del género.

La mala prensa que se ha gestado en torno al Bdsm, se debe en alguna medida al desconocimiento. Muchas veces escucho o leo a gente opinar sobre lo "tétrico y cruel" que es nuestro "mundo" con total ignorancia de que se trata y sin la menor experiencia en el tema. También se debe a que basan su opinión en relatos, clips, fotos, que amén de ser representaciones ficticias y fantasiosas que no siempre se condicen con la realidad, son en su gran mayoría prácticas irrealizables en el mundo en que vivimos.
Entonces, destaco el valor que se requiere para ingresar en este estilo de vida y animarse a Vivir (con mayúsculas) las fantasías que llevamos dentro. Porque hay que tener mucho valor para depositar la confianza en un Amo/a, hay que tener mucho valor y confianza para delegar el poder en esa persona, hay que tener mucho valor para con responsabilidad desear escalar hacia estadíos de placer no convencionales, hay que tener mucho valor y respeto por nuestro cuerpo y mente para animarse a "sentir" un nivel de entrega tan absoluto. Valor, confianza, responsabilidad, sentimientos y respeto.

Creo que es una respuesta muy sincera de por qué mi sumisa dio este paso.
Sir Williams

sábado, 26 de abril de 2008

Con mi decisión de entrar al mundo del BDSM y de la sumisión tomé de sorpresa a varios de mis amigos spankos. Algunos me dijeron que no entendían mi cambio, preguntaban qué me había pasado, que cómo iba a meterme en “eso”, que el BDSM era una escalera que siempre bajaba, que no había marcha atrás y muchas cosas más.

Confieso que por más de un momento me sentí atacada por el nuevo rumbo que había tomado en mi vida. La mayoría no entendió mi postura, alguno me hizo a un lado, otros entendían que era mi decisión pero no aceptaban que lo hiciera, unos pocos me felicitaron y hasta hubo un buen y querido amigo de ambos que se rió porque dice que somos “el día y la noche”.

El convertirme en sumisa de Sir Williams trajo a mi vida muchos cambios y no todos fueron buenos o agradables. Más de una vez me pregunté si valía la pena el esfuerzo y las situaciones por las que tenía que pasar, y la respuesta siempre fue: ¡sí, vale la pena!

Lo que no termino de comprender es el temor que tienenl los spankos con respecto al BDSM en general. O sí lo comprendo, porque yo lo veía igual. Pero todo ese temor es debido a la desinformación, es miedo a lo desconocido. Admito que yo también veía este mundo como un tenebroso castillo lleno de dolor, sufrimiento, tortura, oscuridad y maldad. Ahora que estoy dentro de él lo veo de otra forma, lo veo como realmente es. ¿Cómo es? Como mi Amo y yo queremos que sea, y como cada pareja decide construírlo.

Esta introducción es porque en un grupo de Spanking (nalgadas y azotes) un miembro (reservo su nombre porque no tengo su permiso para utilizarlo) me hizo una pregunta que me conmovió y me hizo rever y pensar en los motivos que me llevan a ser sumisa. Y quiero compartirlos con ustedes, con los lectores y amigos de este blog. Gracias por su paciencia para leerme…


Querida Ana:

Respeto enormemente tu decisión de recorrer un nuevo camino en tus experiencias, pero no comprendo cuál es el motivo en el interior de tu espíritu y alma para desear un estado de sumisión y esclavitud.. . con todo lo que ello conlleva. Atte: miembro de nalgadas y azotes


Estimado amigo,

No sé si voy a poder contestar de una forma clara, pero haré el intento. La pregunta es difícil porque hay muchas emociones y sentimientos que no siempre son fáciles de explicar.

Creo que en este mundo del BDSM como también en otras áreas, nuestra visión será de acuerdo a la experiencia que obtengamos, y que la experiencia sea buena o mala también depende de la compañía que escojamos para recorrer el camino, sea el que sea.

Sólo puedo hablar de mi caso, de mi experiencia y de mi Amo. Adoro ser spankee, pero he descubierto que el ser sumisa me llena más. Cuando estoy con mi Amo, me siento una mujer completa, feliz. Pero no quiero decir con esto que antes de estar con Sir Williams no lo fuera, sino que esta relación me complementa. Es como la mano: está completa, tiene su palma, los cinco dedos, todos los movimientos, toma y suelta cosas… pero junto a la otra mano puede llegar a hacer cosas que sola no podría. ¿Me explico? Como dice Mario Benedetti: "...por la calle y codo a codo, somos mucho más que dos".

En el interior de mi alma y de mi espíritu deseo la sumisión porque con ella llego a estados de éxtasis que no he llegado jamás con el spanking. Podrías preguntarme qué es lo que me lleva a ese estado, y yo te respondería que no es una sola cosa, sino la conjunción de varias. No es el dolor, porque no siento más dolor que el que podría sentir con una azotaína, pero es la forma en que el Amo consigue un ambiente determinado, sus palabras, sus gestos, el ejercicio del poder, la seducción de lo desconocido, la sorpresa de lo inesperado. Y unido a todo eso viene la confianza y el abandono de mi persona en él, la entrega mutua porque el Amo también se entrega a su sumisa y a lo que está haciendo.

Así como en una sesión de spanking, aquí también hay acuerdos previos. Quizás estos acuerdos sean más amplios y extensos porque también lo son las disciplinas por las que se camina. Pero en libertad, siempre basado en que sea SSC (sano, sensato, consensuado), con respeto mutuo, pensando en el placer del otro y no sólo en el propio. ¿Por qué? Porque yo también siento placer cuando sé que el otro goza con esta o aquella situación que le estoy proporcionando.

Muy dentro de mí, deseo y gozo la sumisión como un estado de libertad. Hago lo que mi Amo me indica porque así decidí hacerlo, porque nos hace felices a ambos, teniendo presente que nadie me obliga a nada. En lo más profundo de mi ser sé que nada malo me sucederá porque mi Amo me está protegiendo, cuidando y amando como la joyita que soy para él. Yo me entrego a él con amor, confianza y responsabilidad. Porque yo también soy responsable de mi propia seguridad, y debo dejarle saber siempre cómo me siento tanto física como emocionalmente.

Así que, querido amigo, deseo la sumisión porque mi Amo logra conducirme a un estado especial, logra envolverme en una nebulosa donde no existen las dimensiones, donde no hay tiempo ni espacio, solo sensaciones y emociones, como verás, bastante difíciles de explicar.

Con todo afecto y esperando haber contestado tu pregunta,

anitaK[SW]

lunes, 21 de abril de 2008

Dice Wikipedia que un Rebenque es un trozo de cuero vacuno utilizado como látigo por los gauchos de America del sur. Es utilizado por los practicantes del spanking como utensilio para las practicas spanko.

En ocasiones, en el norte de la Argentina, también se denomina así a los trozos de materia fecal humana desecados al sol, con el fin de crear un elemento contundente y arrojadizo, con el fin de lesionar física y emocionalmente a los contrincantes en batallas por honor, o por simple malicia.

En Canarias en la isla de La Palma se usa el término rebenque para llamar a las personas toscas y tontas.

En cambio, la Real Academia de la Lengua dice que:

rebenque.
(Del fr. raban, cabo que afirma la vela a la verga).

1. m. Látigo de cuero o cáñamo embreado, con el cual se castigaba a los galeotes.
2. m. Mar. Cuerda o cabo cortos.
3. m. Am. Mer. Látigo recio de jinete.

Real Academia Española © Todos los derechos reservados

Esa sería la definición “oficial”, y como todo lo oficial sabe a frío y a poco. Quiero contarles más, quiero contarles desde la visión no oficial de alguien que ama a su país y sus tradiciones.

Para empezar les diría que el gaucho, como dijera Fernán Silva Valdés “Nació de la juntura de dos razas (indios y españoles) como en el tajo de dos piedras nacen los talas”. Este personaje aparece a finales del siglo XVII y principios del siglo XVIII. Fue muy importante en la lucha por la independencia. Nació libre, independiente, simple… no tenía casa y dormía donde lo agarraba la noche. O armaba una tapera con adobe y barro, queriendo imitar al hornero (pájaro autóctono que hace su nido en forma de horno). Era hombre “de a caballo”, se reunía con sus amigos en las pulperías donde tomaban, jugaban a “las tabas”, o a las cartas y en más de una ocasión sacaba su facón para defender su honor, el de su familia o el de su “prienda o china” (mujer del gaucho).

Su vestimenta era una camisa, bombacha, chiripá, poncho, sombrero, pañoleta al cuello, botas de potro, y se engalanaba con una riestra (cinturón adornado con monedas y cadenas), un facón (cuchillo con filo de ambos lados) y el rebenque.

El rebenque fue “pilcha” (prenda), útil de trabajo y también arma, ya que enarbolado en su mano derecha o colgado de la muñeca era como una extensión de su propia extremidad. Fue y es inseparable de la figura de nuestro hombre de campo, ya fueran changadores, gauderios, gauchos o el paisano actual.
Hay varios tipos de rebenques, unos son variantes de otros: “cola de tatú”, guacha, lagarto, de argolla, talero...

Pero en general el rebenque común consta de tres partes: mango, manija y lonja. Si es rebenque de argolla, se le agrega esta y pasa a tener cuatro partes, a saber:

*El mango: que puede tener cabeza, pomo o argolla en la parte superior. Suele medir entre 15 y 35 centímetros, y con un diámetro entre 3 y 4 centímetros. Generalmente es de madera dura, también puede ser de hierro y el verdadero rebenque es el que está fabricado con el pene del toro secado y curtido. Sea cual fuere el material del mango, va recubierto con un trenzado o esterillado de diferentes materiales: cuero, soga, tientos finos de potrillo con pasadores del mismo material.

*La argolla: Está en la parte superior del mango al que atraviesa en forma diametral. La argolla puede medir unos 6 centímetros de diámetro y suele estar hecha de hierro o bronce generalmente, pero en los rebenques de lujo se hacen de metal blanco o plata.
*La manija: De la argolla se suspende una pulsera enteriza de cuero crudo, liso o de tientos trenzados. La manija sirve para colgar el rebenque de la muñeca.

*La azotera o lonja: es el cuero con el que se castiga.

El rebenque “Cola de Tatú” es una variante del rebenque de argolla, y se hace todo en gruesos tientos de sección cuadrada, en un trenzado especial llamado caracol, cuyo mango se prolonga en una azotera también trenzada, en redondo, con una azoterita, en su extremo.

El rebenque llamado “guacha”, que lo puede haber en diferentes dimensiones, es uno que me gusta mucho personalmente, porque (y esto es invento mío) lo veo como la hija del rebenque común y la fusta. Tiene las características del rebenque común, pero el cuerpo es flexible, se extiende y la lonja es doble y pequeña, como cuando uno dobla el cinto. ¡Una maravilla!

Normalmente el cuerpo va revestido de cuero o esterillados de tientos, otras veces con virolas y en casos de lujo, pueden llevar mallas de oro y plata y hasta las iniciales del dueño, pero ya estaríamos hablando del rebenque de “exhibición” o para “paquetear”, o sea, el que no es de uso diario. El rebenque común que usa el gaucho todos los días, es el que tiene para salir al campo, y el otros es el que utilizaría para una “cabalgata criolla” o una fiesta tan tradicional como son las “domas” de potros salvajes, donde se visten las mejores galas.

Dice Claudio Pérez hablando de las domas: "Fiesta de tradición, culto a la raza indomable, valiente, heroica y buena donde en cita de honor la paisanada viene a lucir su varonil destreza. Fiesta de tradición donde el rebenque cuelga como badajo en la muñeca y enardecido se alza y se estremece cuando siente llorar las nazarenas."

El rebenque es un instrumento que llama la atención del turista. Cuando un extranjero entra a una casa de cueros o mejor aún, a una talabartería, cosa casi segura cuando visita alguna orilla del Río de la Plata, se sentirá atraído por muchos de los artículos que allí se exhiben. Si ese turista es spanko, Amo, Señor, Dominante… no saldrá de allí sin un rebenque y seguramente sentirá asombro por ver algo así a la venta y a los ojos de todos los vainillas. Claro que un vainilla le daría otro uso, como colgarlo en algún rincón de su casa de campo junto a las boleadoras, o siendo turista le guardaría algún rincón del alguna pared para exhibirlo a sus amistades..

Por supuesto que los argentinos dirán que el rebenque es argentino, como Gardel, el tango, el dulce de leche o los alfajores. Pero todos sabemos que es de ambas márgenes del Plata. Y quizás de un poco más allá también. Podríamos decir que es el strap del gaucho, pero eso suena a tomar “the five o’clock tea” con pan con grasa o tomar mate con masitas inglesas, ¿verdad?

Si hablamos de instrumentos, el rebenque es lo más parecido al cinto, pero con un aspecto muchísimo más intimidante y mucho más intenso en el golpe debido, obviamente al mango rígido que permite aplicar más fuerza.

Pero para mí, ningún instrumento será comparable a la mano. Y ninguna mano será comparable a de mi Señor.

De su mano probé el rebenque y se ha convertido en el segundo instrumento en mis gustos, desplazando al cinto que había ocupado hasta ahora el segundo lugar en mis preferencias.

Cuando mi Amo empuña su rebenque, realmente lo utiliza como una extensión de su mano. Ha logrado tener un muy buen dominio de él, direccionándolo hacia el lugar exacto donde quiere que caiga. El azote del rebenque se podría comparar con el del cinto, pero al mismo tiempo no tiene nada que ver. La práctica del azote con este instrumento lleva a que quien lo usa logre darle la intensidad adecuada para que duela, arda y pique sin dejar marcas duraderas. Logra también que se vea la huella del rebencazo, cosa que es muy... estimulante visualmente.

Admito que es un instrumento intimidante al principio, sobre todo para los habitantes del cono sur de América, que lo conocemos a través de los gauchos. Pero en mi caso particular, debo decirles que es maravilloso sentir el contacto de la lonja con mi piel, ya sea durante el golpe o mientras me acaricia la espalda y las nalgas, presagiando de forma intimidante el castigo que se aproxima. Los azotes del rebenque se diferencian a otros instumentos de cuero (cinto, tawse, paddle por ejemplo) en que a pesar de pegar con un extremo, no deja marca ni lastima como por ejemplo si se castiga con la punta de un cinto. Esto, por supuesto, también depende de la destreza, habilidad y práctica de quien lo utiliza. Les sugiero que lo prueben: Dominantes y sumisos habrán descubierto algo diferente y excitante.

Pero permítanme que comparta con ustedes lo que dice mi Amo, Sir Williams, de su instrumento favorito:

Yo creo que uno elige un instrumento determinado por la suma de las siguientes razones: porque lo identifica, se siente cómodo y forma parte de su YO Spanko, pero sobre todo porque tiene alguna simbología que lo excita y erotiza.

Es díficil de explicar, pero al rebenque lo asocio a la "doma", a vencer la rebeldía natural de la sumisa; es como un objeto fálico de poder, pero sin serlo. Además es el que me resulta más
cómodo, direccionable y manejable, es realmente como si fuera parte de mi brazo, y eso me permite abstraerme de si cae o no donde yo quiero y ocupar mis sentidos en el disfrute de mi sumisa y el placer que me entrega.

Y este es uno de sus rebenques. Es hermoso ¿verdad?

Ojalá que con esto haya podido ampliar en algo la idea que tenían algunos del rebenque, y que se animen de alguna forma a comprar uno y utilizarlo con su compañer@.

Agradezco a mi Amo por haberme hecho conocer un instrumento tan maravilloso.

domingo, 13 de abril de 2008

autora: anitaK[SW]

Dicen que el Maestro llega cuando el alumno está preparado. Como ya expliqué en el post anterior, siempre tuve reprimida a la sumisa, pero había llegado la hora de liberarla. Aquella noche Sir Williams me colocaría el collar de consideración y comenzaría mi camino como sumisa.

Las indicaciones que me dio eran básicas y de fácil comprensión: vestido negro, ropa interior negra y unos juguetes que yo tenía. Durante la cena no me fue fácil sostener su mirada, sus ojos verdes pretendían hipnotizarme, lo que me obligaba a bajar la vista para recuperar fuerzas y poder enfrentarlo nuevamente.

Camino al hotel me preguntó si tenía una hoja de papel, algo donde se pudiera escribir. Pensé que querría hacer alguna anotación personal así que le ofrecí lo único que tenía: una boleta de compra con la parte de atrás en blanco. Estaba levemente arrugada y mal doblada, pero no le dio importancia a esos detalles.

Al entrar en la habitación me indicó que fuera al baño, me quitara las bragas, me colocara el plug que yo misma había llevado y esperara a ser llamada. Era la primera orden que recibía y no pensaba discutirla. No le estaba hablando a la spankee (que hubiese protestado sin pensarlo), sino que la orden era para la sumisa que yo pretendía ser. Obedecí al pie de la letra. Al colocarme el plug y estar sin ropa interior sentí un poco de temor de que se me cayera, pero eso no era lo peor, sino que estaba logrando lo que yo suponía: humillarme. Era una orden tan humillante como excitante.

Mi cabeza era una maraña de emociones encontradas. Sentía confusión, miedo a lo desconocido, intriga, algo de sometimiento y una pizca de dominación. Todo eso mezclado en un brebaje que yo tomaba a grandes sorbos. Me sentaba y me paraba por miedo a que se me saliera el plug; esperaba y pensaba mientras trataba de descifrar los ruidos que provenían de la habitación...

Las preguntas se agolpaban en mi mente y chocaban unas con otras… ¿Qué es una sumisa? ¿Cuál es la diferencia con la spankee? ¿Estaba segura de este paso? ¿Qué me esperaría de ahora en más? ¿Estaría haciendo lo correcto? ¿Sería el mundo de la sumisión y del BDSM lo que siempre había pensado, o sería cómo me lo describía Sir Williams?

Y Sir Williams… ¿Sería un Amo perverso? ¿Sería el mundo del BDSM tan terrible como lo imaginamos los spankos? Cada segundo presentaba nuevas dudas, cada momento era una encrucijada entre quedarme parada con los ojos vendados en del nuevo camino o aceptar que él me dirigiera, entregarme y confiar.

Además, era demasiado tarde para huir, mis piernas no me responderían, pero… ¿quería huir realmente? No, por supuesto que no. Tal vez mi cuerpo deseara correr, pero mi mente y mi espíritu sólo deseaban entregarse.

La puerta chocó con mi cuerpo al intentar abrirse. El que sería mi Amo notó mi turbación y me preguntó cómo me sentía. ¡Ja, linda pregunta! Como si fuese fácil explicar aquel torrente de ideas y emociones. Así que tomé el camino corto y le contesté: “bien”.

-¿Tenés puesto el plug?
-Sí Señor
-Bien... más vale que no se te caiga –me dijo con una mirada dura pero dulce a la vez, mientras estiraba su mano para guiarme fuera de ese recinto.

Sus manos estaban cálidas y al estar en contacto con él me calmé. Me invitó a salir y recordé “las puertas del Sr. Pérez” de Carlos Trillo y Horacio Altuna (gracias Señor Modesto!), donde al abrir la puerta del baño se introduce en sus sueños y fantasías. Y aquí iba yo a hacer realidad mis sueños mas ocultos... tras los pasos de mi Amo por primera vez.

La habitación estaba en penumbras, pero la cantidad de velas estratégicamente dispuestas en diferentes puntos, le daban calidez y romanticismo al ambiente. Todo eso me cautivó… ¿Era esta la terrible mazmorra del Castillo del BDSM?

Me llevó hasta el borde de la cama y empujó mis hombros hacia abajo. ¿Quería que me arrodillara? Lo miré fijo a los ojos y me dijo: “arrodillate”. Lo hice. Me hizo recoger el pelo y me colocó el collar que desde ese momento estaría en mi poder, bajo mi custodia, por lo que debería cuidarlo y honrarlo. Ese sencillo acto fue una delicia de sensaciones, pero lo que más quiero destacar es el sentimiento de pertenencia.

Rocé el collar con la yema de mis dedos. Era simple y elegante, con una argolla en el medio que unía las dos tiras de cuero, remachadas por con dos tachas del mismo color que la argolla. Eso era el exterior, lo que se veía. Pero... ¿qué sentía yo interiormente? ¿Que amaba a mi Amo? No, no todavía. ¿Que le pertenecía? Sí, más que antes. ¿Que era suya en cuerpo y alma? ¡Ja! Ni en sueños. Entonces... ¿porqué me sentía diferente, especial, feliz, etérea, cuidada, mimada, dominada y... sí, sometida a pesar de que él no había hecho absolutamente nada aún, “sólo” colocarme el collar?

Desde el momento en que me propuso ser su sumisa, había estado leyendo bastante sobre los collares: tipos, significados, etapas, contratos... Ese era mi collar de “consideración”. Comenzaba la primera etapa donde mi Amo vería mis aptitudes y actitudes para considerar si yo reunía las condiciones para ser su sumisa o no, y considerar yo si esto era lo que yo deseaba y si era Sir Williams quien seria mi Amo .

Separando el dormitorio del resto de la habitación, había un pequeño muro sobre el que descansaba un escaparate de vidrio. Mi Amo me llevó hasta ahí y me señaló un papel y un lápiz. Reconocí inmediatamente el papel: era la boleta que había encontrado en mi bolso.

-Quiero que escribas el contrato. Será un contrato sólo por esta noche.

Lo quedé mirando... ¿Redactar yo un contrato de sumisión?

-Pero Señor... yo no sé cómo hacer eso.
-Simplemente escribí tu nombre, tus límites, decí que el contrato es por el día de hoy y agregá todo lo que desees...

Sin saber mucho qué hacer, tomé lápiz y papel y lo apoyé sobre el mueble de vidrio, que me quedaba a una altura perfecta.

-¡No! ahí no... -Su voz resonó como un trueno en el silencio de la habitación- ¡Acá! –dijo arrancando el papel de mis manos y poniendolo sobre el muro. Su actitud dominante me fascinó.

-Pero me queda muy abajo, me tengo que agachar mucho –repliqué yo inocentemente. Sonrió, y sin apartar sus ojos de mí me dijo: “Esa es la idea”.

No hizo falta que agregara nada más. Comprendí inmediatamente que en esa pose me quería. En silencio comprendí que aquella era, aunque muy leve, mi segunda humillación. En una pose incómoda, agachada, con la cabeza baja, estaba escribiendo en pocas palabras mi entrada en la sumisión. Hoy leo el contrato y me parece muy tonto, porque lo es, pero también es una joyita porque su sola vista me trae gratos recuerdos.

Una vez con el contrato en la mano, lo miró y me miró. Su cara dibujó una sonrisa que aún hoy me pregunto si fue de sorna, de burla, de simpatía o… no sé.

No quiero entrar en detalles íntimos, pero sí quiero destacar que el bondage que me hizo, a pesar de no ser demasiado complicado, me gustó y me excitó muchísimo. Pero también hizo que me sintiera torpe y humillada una vez más. Nunca había sido atada de esa forma y mis quejas llegaron a sus oídos. No podía ver sus ojos pero los imaginé echando chispas cuando me dijo con voz dura y potente:

-¿Te estás quejando?

No. No podía admitir que me quejaba. Pero en su sabiduría y experiencia supo cómo aliviar aquella incomodidad. Momentáneamente claro, porque estaba a punto de llegar… mi primera prueba de spanking en el BDSM.

El rebenque fue demasiado para mí. Admito que hubo una micra de segundo que estuve a punto de gritar porque el dolor fue mucho, pero el placer lo superó. El estado emocional era muy fuerte, la mezcla de sensaciones, emociones y vivencias hizo que por primera vez lograra llorar.

Mi Amo no lo sabe pero… confieso que le robé cada uno de esos azotes, me quedé con ellos y pienso no regresárselos nunca más. Son míos, me pertenecen y están guardados bajo llave en mi memoria y en mi corazón…

Recuerdo las velas, la cera cayendo y dándome la sensación de que me perforaba la carne y la piel, roja por los azotes y sensible por tantas emociones. Pero entonces llegaba su mano fresca, sus dedos rozándome y sus uñas raspándome. Sólo por eso, por sus mágicas caricias, valió la pena sentir el calor de la cera.

La posición en que me encontraba me quitaba la visión de su persona, y eso hacía que mi oído, mi tacto y mi olfato se agudizaran más.

Su voz con diferentes tonos, convertida en trueno o en susurro envolvente me convierte en su cautiva toda aquella dulce noche. Sus ojos, su verde mirada se me hizo irresistible al punto de no poder sostenerla. Y su aroma, el olor a “él”, me embriagó como el más exquisito perfume…

Esa noche hubo un poquito de todo: bondage, humillación, spanking, cera y alguna cosa más. Pero además de todo eso, lo importante fueron las emociones vividas, los sentimientos que quedaron grabados en mi mente, y los recuerdos que guardo en mi corazón.


El collar de consideración cambiará en estos días por el de entrenamiento. Ese será otro momento, otro contrato, otros sentimientos y otras emociones, pero... con el mismo Amo, caminando juntos hacia mi completa sumisión.

viernes, 21 de marzo de 2008

Así como nací con un color de pelo o de ojos determinado y con un temperamento que me define, así también puedo decir que nací spankee. Desde muy pequeña he tenido esta inclinación y siempre sentí atracción por las nalgadas.
Como la mayoría de los que disfrutamos de esa aficción, por muchísimos años lo mantuve oculto por sentirme diferente y hasta una “degenerada”. Un día hace como tres años, descubrí gracias a internet que “eso” que tanto me gustaba se llamaba Spanking, así que averigué todo lo relacionado con el tema y pude comunicarme con otras personas que compartían mis mismos gustos. Por fin me sentía entre mis pares, comprendida y aceptada sin ser juzgada.
Desde que comencé a intervenir en los grupos he tenido trato con Amos, pero siempre como spankee. Uno de ellos, mi querido príncipe azul, me anunció desde el primer día que yo era sumisa. Por supuesto que me reí y se lo negué rotundamente. Pero esa palabra comenzó a calar en mí. Al jugar con otros Amos me repitieron lo mismo, pero yo... lo seguía negando. Interiormente sus palabras y afirmaciones eran como la gota que cae sobre la piedra y con el tiempo la va modelando.

Todos los amigos spankos que me conocen se preguntan qué fue lo que me sucedió, cómo cambié de un día para otro de spankee a sumisa. Bueno, no fue de un día `para otro. Lo que sucedió es que yo jamás lo había admitido ni siquiera ante mí misma, pero siempre lo había pensado. No sé con certeza qué, cómo o en que momento se me hizo el “click”, pero quizás al escribir este post logre descubrirlo junto con ustedes.

Nunca tuve dudas sobre mi rol de spankee y considero que me seguiré sintiendo así porque es mi naturaleza. Pero también siempre dije que me atraía el spanking con “gotitas” o “toques” de BDSM. Por ejemplo: me gusta el bondage aunque muy light, o que me cubran los ojos, o ser dominada que puede ser humillante pero al mismo tiempo excitante.

Mi Amo trató varias veces de explicarme que el pasar de ser spankee a sumisa era una “evolución”. No lo comprendí hasta que leí en su Foro la explicación que él mismo dió: Se podría hacer un paralelismo con la educación: la spankee estaria en el primario, la sumisa en el secundario y la esclava en la Universidad. ¿Por qué? Porque la entrega podría ser similar, pero los límites que cada una pone son diferentes. Cuanto más “evoluciona”, menos límites pone.
En mi decisión de convertirme en sumisa se juntaron varios factores, pero hubieron dos que fueron preponderantes:

1) El haber encontrado a Sir Williams y sentirme totalmente segura a su lado, tanto como para poder entregarme por completo y casi sin reservas. La confianza que deposité en él me da la seguridad necesaria como para poder entregarme.

2) El haber enfrentado la realidad que esquivé desde mi juventud, esa realidad que me gritaba que yo era sumisa. Al mirarla cara a cara me di cuenta del por qué de mis reacciones, de mis dudas, de mis fantasías más ocultas y recurrentes.

Claro que esto no me quitó el gran miedo que yo le tenía al mundo del BDSM, pero acepté que podría entrar a este “tenebroso castillo” (según yo lo veía en ese momento), si lo hacía en compañía de mi Amo.

Decidí hacerlo y lo hice; me aferré a la mano del que sería mi guía y protector y entré al BDSM. ¿Saben qué? No me pasó nada, excepto el haber descubierto un mundo que es totalmente diferente al que yo me había imaginado. No es negro, ni tétrico, ni diabólico. Siguiendo las huellas de mi Amo este mundo me resulta, al menos hasta ahora, romántico, luminoso y placentero en vez de doloroso, tenebroso y tortuoso como siempre lo imaginé.

En lo poco que he recorrido hasta ahora he comprendido que, así como en cualquier disciplina, me va a ir de acuerdo al compañero que elija para transitar este camino. Y yo elegí el mejor (para mí ¡claro!).
Si nos acompañan, los invito a recorrer este camino mientas yo voy aprendiendo sumisión... tras los pasos de mi Amo.
anitaK[SW]

viernes, 7 de marzo de 2008

Es muy común encontrar post de sumisas/os, relatando sus pensamientos y sentimientos al respecto de la sumisión. Ahora quiero expresar el otro punto de vista, el otro lado.
Entrenar una sumisa es una tarea compleja, difícil, riesgosa y ... placentera para un Dominante. Se deben tener en cuenta un sinfín de items: personalidad, gustos, límites, potenciales, deseos, físico, y responsabilidades, por supuesto.
En el caso que me ocupa es aún más complicado pues no se trata de una sumisa natural, sino de una spankee evolucionando a sumisa, con las dificultades que esto significa, porque no solo hay diferencias de concepto, también existe un bagage de comportamientos previos con los cuales lidiar.
En su naturaleza se destacan la ansiedad, rebeldía, impulsividad, algún grado de soberbia, pero también su excelente predisposición a aprender y lograr sus objetivos, con lo que compensa con "actitud", sus impulsos naturales.
Al comenzar esta relación, me plantee a mi mismo como llevarlo a cabo y llegué a la conclusión que el único método posible era "tiempo y paciencia", no permitir que se saltaran pasos por ansiedad y deseos, tanto de ella como míos. Era importante dar el tiempo necesario para el acomodamiento mental, imprescindible para la comprensión y toma de decisiones.
Demás está decir, que sentimientos al margen, es un reto sumamente interesante y muy satisfactorio.
Continuará ... a medida que avancemos!

Sir Williams

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