sábado, 13 de febrero de 2010



14 de febrero. El mundo se vuelve color rosa con el bendito San Valentín. Por todos lados vemos cupidos rubicundos con sendas flechas apuntando a quién sabe dónde, las cajas de bombones solo tienen forma de corazón, las rosas son más rojas y los floristas lo saben, los peluches llevan un corazón con mensajes que aunque digan “te amo”, al recibirlos sentimos que no es para nosotros.

Miramos a nuestra pareja sin saber si abrazarlo para regalarle la consabida tarjeta, flores, caja de bombones, peluche... o salir corriendo desesperados en busca de algo que corte tanta miel.


Para acabar con todo ese empalagamiento, los bedesemeros no utilizamos ni limón, ni ácido, ni vinagre, sino... una sesión. Los que no pertenecen a este mundillo creen que las sesiones de los sadomasoquistas (así nos llaman la mayoría aunque no todos lo seamos) son oscuras, tétricas, frías, llenas de maldad, instrumentos de tortura y un Dominante esperando a su víctima para hacerla sufrir sin piedad.


Pero lo que no saben ellos es que generalmente y visto con nuestros ojos, las escenas que preparamos no siempre tienen ese tinte tétrico y macabro, sino que pueden ser muy románticas y entonces poder continuar con la miel ambiental.


¿Alguien quiere algo más romántico que el Dominante llegando a la escena y que se encuentre con su sumisa, vestida con sus mejores galas o... desnuda, esperándolo en posición karta? Luego, la habitación llena de velas que él utilizará más adelante. Los instrumentos preparados prolijamente junto a las cuerdas y al lado un bello paquete de regalo conteniendo ese obsequio que el sumiso compró pensando sólo en agradarle al Dominante. En otro lugar de la habitación, al lado del asiento del Señor, una hielera con la botella de su bebida favorita junto a la copa de cristal. La rosa la traerá el Dominante en la mano y se la entregará a su sumiso, o la posará en algún lugar mientras dure la sesión. Quizás el sumiso también haya pensado en la rosa y la podría dejar sobre el asiento o la mesa del Señor.


Ese día, esa tarde, esa noche, ambos estarán (o no) más dispuestos de lo usual. Quizás el Dominante decida que haya más dolor para luego poder tener más placer al descansar. Quizás ese día el sumiso se sienta propiedad de su Amo como nunca antes. Cuando el collar esté colocado y el Dominante tire de él, la obediencia será más grata, la entrega será más completa, la felicidad de ambos flotará en el ambiente como la música que los acompaña.


Pero si lo pensamos ¿es esta la escena de un día de San Valentín o es la escena común, preparada como en cualquier otra ocasión? A lo que me refiero, queridos amigos, es que al menos en el BDSM no necesitamos del bueno de San Valentín para tener romanticismo extra, o velas, o rosas, o sesión especial. Reconozcamos que en el fondo, los que practicamos el BDSM somos románticos todo el año, sin fijarnos en el calendario.


Saludos… y ¡FELIZ SESIÓN!

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