jueves, 16 de septiembre de 2010

Hoy quiero hablar de los límites. Pero no de los límites en el BDSM, sino de los límites en general (que también se aplican al BDSM).

Creo que hay tres tipos de límites:
1) El que yo pongo a mi alrededor para que el otro no me invada
2) El que pone el otro para que el resto no lo invada
3) El que yo me impongo para no invadir al otro, que para mí es el más difícil de respetar.

¿Qué tan necesarios son los límites? Para responder voy a utilizar un ejemplo que leí en un libro de Jaime Barilko:

Imaginemos una carretera de dos carriles, uno de ida y uno de regreso. Por lo general este tipo de vías tienen pintada una línea a los costados que sirven para que los conductores no se vayan a la banquina, que es el límite de la senda. En el medio está pintada otra línea que puede ser simple, doble, cortada, continua… Los conductores conocen el lenguaje de ese límite, que dependiendo si uno va por una u otra vía, tiene diferente lectura, marca un límite distinto.

Quizás en algún momento, al conductor le toque ir por una carretera de dos vías donde por algún motivo no hay nada pintado. Si es un conductor experimentado, sabrá por dónde ir y qué hacer a pesar de no tener los límites marcados. Si es una carretera por la que está acostumbrado a transitar, seguramente ni mire si las líneas existen o no, simplemente sabrá por dónde ir y conocerá todas vueltas, baches, rectas, etc., sin necesidad del marcado. Si es una carretera que transita por primera vez, deberá ir con mucho cuidado, y tal vez hasta decida no manejar por ella.

Para mí, los límites van unidos a la palabra RESPONSABILIDAD. Si no estamos capacitados para conducir en una carretera sin límites, es mejor que no lo hagamos. Pero si decidimos hacerlo deberemos también aceptar las responsabilidades y riesgos de tal acción.

¿Nos consideramos siempre responsables de nuestras acciones? ¿O es más fácil echarle la culpa al que viene en sentido contrario y nos lo llevamos por delante porque como no estaba pintada la raya del medio, invadimos su carril? O quizás él invadió nuestra senda, pero hemos decidido conducir el automóvil en una senda sin límites marcados.

Manejando por una carretera o hasta yendo de acompañante, siempre corremos el riesgo de tener un accidente, independiente de quién sea el
 responsable. Si no estamos dispuestos a correr el riesgo, quedémonos en casa. Si estamos dispuestos a la posibilidad de un accidente, tengamos la responsabilidad de conducir por una carretera marcada con límites claros. Y si decidimos conducir por una carretera sin marcas de límites… es sólo NUESTRA responsabilidad. No le echemos la culpa al otro. Si somos los responsables de algún accidente por haber traspasado cualquiera de los tres límites de los que hablo al principio de este post, debemos tener la obligación y el compromiso moral de enfrentar las responsabilidades de nuestros actos y de los daños que ocasionamos. Y ojala que esos daños sean reparables.

Cada uno aplíquelo como desee.

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