martes, 18 de noviembre de 2008

A veces, de un simple acontecimiento o acción podemos sacar una lección. Ayer recibí una muy grande por parte de mi Amo. Yo que creí haber avanzado mucho, con la enseñanza de ayer me di cuenta que tengo muchísimo más aún para crecer y aprender en este camino de sumisión.

Recuerdo la primera noche que estuvimos juntos como Amo y sumisa. Yo estaba muy nerviosa, pero confiaba plenamente en él. En esa primera escena, estando yo atada y tirada en la cama, él se acercó a mí con una aguja y me la mostró. Imagino mi rostro cuando le quitó la protección y la pasó lentamente por mi pezón. Sabía, confiaba en que no la utilizaría, pero el sólo pensar que había una mínima posibilidad de que lo hiciera, me paralizaba. Luego de jugar un rato conmigo, con mi pezón, con mi paciencia y resistencia… simplemente la volvió a tapar y la guardó.

Esa fue la primera de las innumerables veces que me amenazó con usar agujas durante estos 10 meses desde que me convertí en su sumisa. Pero desde nuestra semana de convivencia, la insistencia fue más fuerte.

No sé aún el por qué de mi temor. Si mi Amo me dice que me pondrá agujas, es porque tiene plena seguridad en sí mismo y la tranquilidad de que, a menos que suceda un imponderable, no me hará daño. Pero aún así… el miedo que yo tenía era muy grande, sobre todo al dolor.

Ayer, como todas las noches, estuvimos chateando, dado que por la distancia es la forma más práctica de estar juntos y conversar. Bien, esta fue la parte de la charla que me interesa mostrarles en el chat de ayer. Así fue:
sir_willy_williams (17/11/2008 11:21:29 p.m.): no estamos hablando de mis miedos sino de los tuyos
anakaren (17/11/2008 11:22:17 p.m.): ok... el tema ya está. Ahora... a vos ¿por qué te parece que tengo miedo y a qué te parece que tengo miedo?
sir_willy_williams (17/11/2008 11:25:24 p.m.): yo creo que es un miedo que sentirán muchos: miedo al dolor, miedo al daño, miedo a que te quede una cicatriz... impresión de ver sangre, etc. es un miedo muy común
anakaren (17/11/2008 11:25:55 p.m.): Miedo al dolor: sí, pero no es lo principal anakaren (17/11/2008 11:26:20 p.m.): Miedo al daño: no... es sólo un pinchazo y no atraviesa ningún órgano
anakaren (17/11/2008 11:27:09 p.m.): a que quede una cicatriz? No... no creo. Al menos no una cicatriz duradera, y el pinchacito se va en días
sir_willy_williams (17/11/2008 11:27:14 p.m.): entonces?
anakaren (17/11/2008 11:27:18 p.m.): la sangre no me impresiona
anakaren (17/11/2008 11:27:45 p.m.): de todo lo que dijiste, el miedo al dolor sería el más pesado
sir_willy_williams (17/11/2008 11:27:57 p.m.): ahh, ya sé
sir_willy_williams (17/11/2008 11:28:06 p.m.): miedo a que no te excite
anakaren (17/11/2008 11:28:32 p.m.): no, no me excita en lo más mínimo la idea
anakaren (17/11/2008 11:28:46 p.m.): pero si vos querés hacerlo, yo me presto
anakaren (17/11/2008 11:28:55 p.m.): soy tu sumisa, te pertenezco
sir_willy_williams (17/11/2008 11:29:01 p.m.): ESA......!!!!
anakaren (17/11/2008 11:29:32 p.m.): lo haría por vos...
anakaren (17/11/2008 11:29:39 p.m.): lo digo en serio, eh?
sir_willy_williams (17/11/2008 11:29:42 p.m.): bien, así se responde. Ahora puedo decirte que no me interesa hacerlo ... pero quería esa respuesta

¿Más claro? Imposible. El quería una entrega que yo dudé en darle. No le interesaba clavarme agujas, le interesaba mi entrega y mis sumisión. Pero no lo entendí hasta ese momento. ¿Cómo fui capaz de no darme cuenta? ¿Cómo fui capaz de negarme, o al menos de dudar a algo que él me pedía? ¿Y yo pretendo llegar algún día a ser esclava, si no soy capaz de entregarme como sumisa? Dios… ¡cuánto me queda por aprender!

Esta fue la enseñanza más impresionante que me ha dado en este último tiempo, al menos, la que más fuerte me llegó: una lección inolvidable. Gracias mi Señor…

Su sumi,

anitaK[SW]


Muchas veces he soñado cosas que me parecía que nunca iban a volverse realidad, pero llegaron, no cuando yo quería, sino cuando era el momento adecuado. Dicen que el Maestro llega cuando el alumno está preparado para recibirlo.

Durante muchos años, quizás como muchos de ustedes, me sentí una depravada, una degenerada, y la única persona en el mundo que podía disfrutar de las nalgadas o de la sumisión. Incluso cuando descubrí que había videos de “eso” que me gustaba, me seguía sintiendo la única en el mundo que le gustaban “esas cosas”.

Uruguay es un país pequeño en tamaño, con una población que ronda los 3 millones de habitantes, y por supuesto que yo era la única en este país con esas ideas y esos deseos. Incluso cuando descubrí en internet que la parafilia de dar y recibir nalgadas se llamaba Spanking y más adelante supe que era una de las disciplinas que pertenecían al BDSM. Pero con la excepción de dos Spankers, seguía sola por aquí, y si aparecía alguna spankee, desaparecía enseguida.

Pero todo esto cambió el pasado sábado 15 de noviembre del 2008. Por fin, y gracias a otra sumisa uruguaya llamada sunny, tuvimos una estupenda fiesta. Para un país tan pequeño lograr juntar 21 personas, casi todas desconocidas entre sí, temerosas de qué se encontrarán, de quiénes estarán presentes, de cómo serán y mil dudas más, no fue fácil. Si alguien llegara en ese momento y nos viera, pensaría que era una reunión vainilla común. Claro que al recorrer las habitaciones, el pensamiento podría cambiar bastante: bancos (impovisados) de castigo, una mesa con diferentes instrumentos de castigo y otra con “juguetes”, un tipo de “cepo casero” fabricado con una reja al que se podía atar al sumiso. La imaginación se hizo presente una vez más al colgar unas cintas gruesas de una puerta y de allí colgar las muñequeras… Buena voluntad, imaginación, ganas de pasarla bien, fueron los ingredientes principales de esa reunión.

Al hacer un círculo donde cada uno se presentó, dijo su nick y su nombre real, sus deseos, sueños y expectativas fue algo así como el puntapié inicial para sentirnos más distendidos. A ninguno le importó que se enfriara la pizza y el “fainá”. Los refrescos estaban fríos y el alcohol brilló por su ausencia, excepto al final que se sirvió un poquito de champagne que nos había enviado un Amo de Argentina por medio de su sumisa.

Luego llegaron las exhibiciones: bondage por parte del Maestro Morde Kai y de Sir Williams. Spanking por parte de Amo Karl y Sir Williams. Sumisas: sunny, lucía73 y anitaK[SW].

Se ha abierto una brecha para que la comunidad BDSM de Uruguay siga adelante, que nos animemos lentamente a salir del placard, que nos mostremos ante nuestros pares y nos animemos a vivir a pleno lo que nos gusta.

De esta reunión ha salido la buena voluntad de seguir con estas reuniones, de crear un Foro Uruguayo y de juntarnos con determinada frecuencia. Ha salido la alegría de habernos conocido personalmente, de ponerle cara a los nombres, de aprender y enriquecernos con las experiencias de los demás y sentir en la propia piel el entusiasmo de hacer más grande esta comunidad.

Aprovecho para agradecer a todos los que se animaron a participar, a sunny y Aldana por la organización, a los Amos que vinieron del extranjero para acompañarnos y apoyarnos, a la gente del interior del país que viajó horas para poder estar presentes, y a los Foros de Argentina: Aldea Sado, Comunidad BDSM y Mazmorra, que tanto nos alentaron y apoyaron para que este proyecto saliera y se concretara. ¡Hasta la próxima!

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Hacía unos seis años que no me tomaba más de 4 días de vacaciones. Desde junio veníamos con mi Amo abrazando la posibilidad de tener juntos una semana de descanso. Diferentes acontecimientos se sucedieron para que por un motivo u otro suspendiéramos las tan anheladas vacaciones.
Buscando un lugar adecuado, hice varias visitas a diversas páginas de internet, diferentes lugares, cabañas en la playa, en las sierras, en campings… Finalmente, dado que había tantos inconvenientes para salir y yo por motivos personales necesitaba dejar Montevideo, decidí ir unos días con mis padres a las sierras. Me recomendaron unas cabañas y en el mismo lugar, descubrí una bellísima, en lo alto de un monte y con una preciosa vista hacia un pequeño lago. “Esta es la indicada”, pensé. Así que una vez que pudimos coordinar la fecha y con todo el temor de que algo más sucediera, reservé el lugar.
El esperado sábado llegó. Junto a Sir Williams enseguida emprendimos viaje hacia el lugar.

Al llegar, él también quedó fascinado con la cabaña y el paisaje. Los dos estábamos muy cansados, así que la escena (sesión) de Spanking de ese día fue más de relajación y terapéutica que de otro tipo.
Una de las cosas que habíamos pactado era que yo dedicaría más tiempo a escribir, así que mi Amo me “obligaba” a sentarme frente a la laptop y continuar con el tercer capítulo de “Cartas a la tía Mena”.
La tarde del domingo, mientras yo transformaba en palabras mis pensamientos, él no cesaba de entrar y salir de la cabaña. Imaginé que algo estaría tramando, pero seguí en lo mío.


Cuando a última hora de la tarde entró a prepararse el mate, le inquirí:

-¿En qué andabas?
-¿Por qué? –me respondió con su mejor cara de inocencia y asombro
-Porque tenías tremenda actividad entrando y saliendo. ¿Qué hacías?
-Nada… fui a ver la arboleda de aquí al lado, anduve mirando el terreno, rodeando el cerco… es bastante grande ¿sabés?
-Sí… me imagino –contesté con la seguridad que no había sido sólo eso lo que había hecho. Por supuesto que al rato ya me había olvidado.

No teníamos ni radio ni televisión, así que aprovechamos a charlar sobre un montón de temas pendientes. Bueno… yo hablaba y él respondía con su habitual locuacidad: “Sí… no… claro… yo creo que blablabla…”. Cuando decía más de diez palabras seguidas mi asombro era incalculable.
Cenamos, lavé la loza (como corresponde) y al terminar me tomó de la mano y me dijo:

-Vení…
-¿A dónde?
-Vos vení, quiero mostrarte algo…

Ayyynnnsssssss… Las sumisas somos taaaaaaaaan confiadas, que yo fui tras sus pasos, como siempre. Dentro de la cabaña el ambiente era muy agradable porque había prendido el hogar y el fuego quemaba la leña, haciéndola crepitar. Fuera, corría una brisa bastante fría. Yo vestía una sudadera muy fina, pantaloncitos cortos, medias y tenis. No se veía casi nada y la luna estaba de huelga. Las estrellas sin embargo lucían espectaculares. Caminamos con cuidado un pequeño tramo hasta que…



-Ahora quedate acá. ¡No te muevas!
-Pe…
-Dije que te quedes acá y que no te muevas –repitió, dándome a entender que era el Amo quien hablaba, y no el dulce Willy. “Sonamos…”, pensé para mí sin decir palabra.

Caminó unos cuantos pasos, casi hasta perderse entre un grupo de árboles. Dejé de verlo por unos instantes. De repente reconocí su sombra para enseguida volver a perderla. Comencé a sentir mucho frío y algo de temor. Entonces volvió a aparecer y me tomó de la mano.

-Ya está. Vení conmigo…

No dije nada, sólo lo seguí. De repente se detuvo. “Aquí es”, dijo soltándome la mano. Yo no veía nada en especial, solo un árbol con una rama algo baja. Se dirigió a un pequeño claro que había entre ese árbol y otros dos. Se acercó a una de las ramas, prendió su encendedor y… la llama de la vela iluminó tímidamente el lugar. Realizó la misma acción por tres o cuatro veces en diferentes lugares. Luego, con una sonrisa triunfal me miró y se dirigió hasta donde yo estaba. La luz de las velas le daba al lugar un aspecto especial. El ambiente se había vuelto cálido a la vista, envolvente, misterioso...

-Pero… ¿qué…?
-Dame tu mano y no hables –Obedecí. Era obvio que la escena (la sesión) había comenzado.

Tenía atadas dos cuerdas en diferentes ramas. Yo estaba detrás de la rama baja, y él había calculado todo tan perfectamente que hizo que me estirara lo suficiente para que mi vientre quedara sobre esa rama, con los brazos muy estirados. Entonces se percató que yo tenía las piernas juntas.

-Separá las piernas –lo hice, pero no lo suficiente- Más -ordenó.

La separación de las piernas hizo que mi cuerpo quedara más abajo y los brazos estuvieran más estirados aún. Fue entonces que se puso detrás de mí y bajó mis pantaloncitos hasta por debajo de la rodilla, dejando mis nalgas totalmente expuestas.
El silbido de la madera hizo que me diera vuelta de inmediato. Tenía en su mano derecha un pequeño grupo de ramas recién cortadas. Lo miré con todo el terror que sentía al imaginar lo que me esperaba, negando con la cabeza aquella situación.

-¿No? Claro que sí. Soy un hombre de palabra y el tío Pit me pidió que te castigara de esta forma, y es lo que voy a hacer.

El tío Pit. ¡Ufffff…! Se enojó por una tontería y le pidió a mi Amo que me castigara. Me dio la oportunidad de elegir, y como yo pensé que era todo broma, dije que con la vara. Ahora sé que no fue una decisión inteligente. Me lo tomé en broma, pero se ve que el tío Pit y mi Amo no tenían mi mismo pensamiento. Y allí estaba yo, con el culo a la merced del frío de la noche y de las ramas de mi Amo, que no dejaba de hacer silbar.

-¿Tenés frío?
-Sí Señor –respondí con la cabeza baja
-No te preocupes… No será por mucho rato. Dentro de poco vas a tener calor –dijo con una sonrisa, para mí, bastante burlona.

Los azotes comenzaron. Creo que en toda mi vida de spankee y sumisa, jamás me habían dolido tanto los azotes. Era un dolor lacerante, multiplicado por cada una de las ramas y acrecentado por el frío del ambiente y de mis nalgas.

-Bueno, el tío Pit me estará agradecido por esto que hago, y vos también por educarte, no?

El árbol genealógico del tío Pitito pasó por mi cabeza más de una vez. El dolor era realmente fuerte, nada agradable por cierto.

-¿Te duele?
-Sí Señor. Supongo que además de la intensidad de los azotes, me duele porque tengo el cuerpo frío.
-Bueno, la idea es que duela, sino… ¿Cómo vas a aprender la lección? ¿Dónde estaría el castigo si lo disfrutaras?

Más de una vez le pedí que parara. El dolor se me hacía casi insoportable a pesar de sus caricias y de mis movimientos para tratar de evitar los azotes. No sé cuántos azotes fueron, pero creo que fue una azotaína muy intensa y dolorosa, tanto que luego de una semana aún tenía marcas.
Cuando mi Señor decidió que era suficiente, me liberó de las cuerdas, apagó las velas y así como estaba, con la ropa en las rodillas, me hizo regresar a la cabaña tomada de su mano. Una vez dentro, lo primero que hice fue acercar mis nalgas al calor del hogar. El calor por un lado era sumamente agradable dado que tenía la cola congelada, pero por el otro lado, los azotes se volvían a sentir una vez más.
Sólo había un espejo en el baño, así que apenas pude ver un poco las marcas y tuve que esperar para ver las fotos. ¡Y recién allí comprobé por qué me había dolido tanto!

De todas formas, fue una vivencia increíble. Y de la mano de mi Amo, volvería a experimentarla, aunque sigo pensando que los azotes no cambian nada en mi caracter o acciones.



anitaK[SW]

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