viernes, 21 de marzo de 2008

Así como nací con un color de pelo o de ojos determinado y con un temperamento que me define, así también puedo decir que nací spankee. Desde muy pequeña he tenido esta inclinación y siempre sentí atracción por las nalgadas.
Como la mayoría de los que disfrutamos de esa aficción, por muchísimos años lo mantuve oculto por sentirme diferente y hasta una “degenerada”. Un día hace como tres años, descubrí gracias a internet que “eso” que tanto me gustaba se llamaba Spanking, así que averigué todo lo relacionado con el tema y pude comunicarme con otras personas que compartían mis mismos gustos. Por fin me sentía entre mis pares, comprendida y aceptada sin ser juzgada.
Desde que comencé a intervenir en los grupos he tenido trato con Amos, pero siempre como spankee. Uno de ellos, mi querido príncipe azul, me anunció desde el primer día que yo era sumisa. Por supuesto que me reí y se lo negué rotundamente. Pero esa palabra comenzó a calar en mí. Al jugar con otros Amos me repitieron lo mismo, pero yo... lo seguía negando. Interiormente sus palabras y afirmaciones eran como la gota que cae sobre la piedra y con el tiempo la va modelando.

Todos los amigos spankos que me conocen se preguntan qué fue lo que me sucedió, cómo cambié de un día para otro de spankee a sumisa. Bueno, no fue de un día `para otro. Lo que sucedió es que yo jamás lo había admitido ni siquiera ante mí misma, pero siempre lo había pensado. No sé con certeza qué, cómo o en que momento se me hizo el “click”, pero quizás al escribir este post logre descubrirlo junto con ustedes.

Nunca tuve dudas sobre mi rol de spankee y considero que me seguiré sintiendo así porque es mi naturaleza. Pero también siempre dije que me atraía el spanking con “gotitas” o “toques” de BDSM. Por ejemplo: me gusta el bondage aunque muy light, o que me cubran los ojos, o ser dominada que puede ser humillante pero al mismo tiempo excitante.

Mi Amo trató varias veces de explicarme que el pasar de ser spankee a sumisa era una “evolución”. No lo comprendí hasta que leí en su Foro la explicación que él mismo dió: Se podría hacer un paralelismo con la educación: la spankee estaria en el primario, la sumisa en el secundario y la esclava en la Universidad. ¿Por qué? Porque la entrega podría ser similar, pero los límites que cada una pone son diferentes. Cuanto más “evoluciona”, menos límites pone.
En mi decisión de convertirme en sumisa se juntaron varios factores, pero hubieron dos que fueron preponderantes:

1) El haber encontrado a Sir Williams y sentirme totalmente segura a su lado, tanto como para poder entregarme por completo y casi sin reservas. La confianza que deposité en él me da la seguridad necesaria como para poder entregarme.

2) El haber enfrentado la realidad que esquivé desde mi juventud, esa realidad que me gritaba que yo era sumisa. Al mirarla cara a cara me di cuenta del por qué de mis reacciones, de mis dudas, de mis fantasías más ocultas y recurrentes.

Claro que esto no me quitó el gran miedo que yo le tenía al mundo del BDSM, pero acepté que podría entrar a este “tenebroso castillo” (según yo lo veía en ese momento), si lo hacía en compañía de mi Amo.

Decidí hacerlo y lo hice; me aferré a la mano del que sería mi guía y protector y entré al BDSM. ¿Saben qué? No me pasó nada, excepto el haber descubierto un mundo que es totalmente diferente al que yo me había imaginado. No es negro, ni tétrico, ni diabólico. Siguiendo las huellas de mi Amo este mundo me resulta, al menos hasta ahora, romántico, luminoso y placentero en vez de doloroso, tenebroso y tortuoso como siempre lo imaginé.

En lo poco que he recorrido hasta ahora he comprendido que, así como en cualquier disciplina, me va a ir de acuerdo al compañero que elija para transitar este camino. Y yo elegí el mejor (para mí ¡claro!).
Si nos acompañan, los invito a recorrer este camino mientas yo voy aprendiendo sumisión... tras los pasos de mi Amo.
anitaK[SW]

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