sábado, 26 de marzo de 2016

"Los celos son, de todas las enfermedades del espíritu,
aquella a la cual más cosas sirven de alimento
y ninguna de remedio."
(Michel Eyquem de la Montaigne)



Siempre digo que no soy celosa. Mentira. Sí soy celosa, pero creo que mis celos están dentro de los parámetros de la “normalidad”, de lo que siente la mayoría de la gente. En mayor o menor medida, todos los seres humanos sentimos celos. Pero ¿qué pasa en la relación Dominante/sumiso?

Sentimos celos cuando pensamos que podemos perder a alguien que queremos por la intervención de un tercero (persona o cosa). El sumiso es posesión del Dominante, por lo que éste quiere que su posesión, su tesoro, sea solo suyo. Está en su derecho. El sumiso se lo concedió desde el momento que aceptó pertenecerle. Ahora ¿qué sucede cuando es al revés?

El Dominante tiene todas las potestades sobre el sumiso, pero el sumiso… ¿qué derechos tiene sobre el Dominante? ¿Ninguno?

El sumiso NO tiene derecho a reclamar a su Dominante por el resto de los sumisos de su cuadra. ¿Eso significa que no puede tener celos? Quizá sí pueda tenerlos porque es imposible dominar un sentimiento tan humano, porque ¿hay alguna manera de evitar sentirlos? Quizá sí, si nos ayudamos con el razonamiento.

¿Cuándo se siente celos? Cuando se piensa que vamos a perder a la persona amada, o cuando pensamos que aquel es mejor que yo y eso hace que baje mi autoestima. Hace poco leí un estupendo cuento donde un Amo hace que su sumiso averigüe el valor de una joya para luego darle una lección de autoestima. 

Quiero compartir con ustedes mi forma de razonar esto de los celos y la autoestima.

Imaginen un salón. No importa el tamaño porque se puede agrandar o achicar
de acuerdo a las necesidades. Ese salón tiene cierta cantidad de gente. Unos están parados, apretujados, cuesta identificarlos y están poco iluminados. Otros están sentados, tienen un poco más de luz, pero aún así están prácticamente olvidados. En cambio hay quienes están en sillones, a plena luz, y unos pocos ubicados en un lugar preferencial del salón, en asientos que son tronos y donde se los ve gozando de más privilegios que el resto. Estos últimos están en un sitio donde no es fácil llegar ni acceder, un lugar donde seguramente tuvieron que hacer muchos esfuerzos para conseguir y más aún para mantenerse. ¿Saben qué? Visualizo mi corazón como ese salón y en él se encuentran mis afectos.

También yo ocupo un lugar en el corazón de otras personas. En algunos soy una más, donde rara vez me recuerdan. En otros he logrado hacer un lugarcito especial para mí. Y en unos pocos tengo un lugar de privilegio: es el corazón de los seres que me aman.

Conocí al único Amo al que pertenecí, Sir Williams, en un grupo virtual mexicano de spanking "Nalgadas y azotes". El enseguida buscó (sin proponérselo quizás) un lugar en mi corazón, y allí se instaló. Durante su ausencia por su enfermedad (de dos años casi), estaba en un rincón en penumbras pero… estaba. Cuando reapareció, enseguida fue consiguiendo mejores posiciones. Al hacerme su sumisa tenía un lugar bueno, pero no uno de privilegio. Eso costó ¿saben? Pero durante el tiempo que estuvimos juntos, logró afianzarse de tal forma en mi corazón que hoy, a pesar de no estar físicamente, sigue ocupando su lugar, y nadie logrará destronarlo. Habrá, quizás, otros lugares, otros tronos, otros sitios, pero nadie en su lugar.

Cuando me miraba en su corazón, sé que sucedía lo mismo. No siempre fue así. Comencé a meterme por uno de sus rincones más sombríos, pero llegué a ser Su sumisa, Su compañera y Su mujer. 

Y cuando estábamos en alguna reunión donde Amos y sumisas le pedían una exhibición -usando la sumisa que se ofrecía o era cedida-, Él siempre aceptaba. Y yo, por un lado, me sentía feliz y orgullsa de que mi Señor fuera tan solicitado. Pero por otro lado, moría de celos... Después recordaba que era yo con quien se iría de la reunión y se me pasaba. Jamás hice una escena, ni en público ni en privado. ¿Por qué? Simplemente porque tenía la seguridad que me amaba y Él no merecía otra cosa más que mi confianza, mi silencio y mi aceptación incondicional a sus decisiones. 

Siempre en el corazón del otro y en el de uno mismo, hay lugar para más gente. Y debemos aceptar que cada quien tiene su lugar, Y es una responsabilidad personal cuidar su sitio y mantenerlo.

Sería de tontos pensar que nadie más entrará al corazón de quien amamos, pero sí podemos pensar que esa persona tendrá SU lugar, no el mío. Podrá ser un sitio mejor o peor, más grande o más pequeño, más oscuro o más iluminado, pero JAMÁS será MI lugar, ese que yo me gané y marqué a fuego para no se borre ni nadie pretenda usurparlo. 

¿Y a qué viene todo esto?, se preguntarán. Lo traje a colación por el tema de los celos de los sumisos que comparten una cuadra, o un poliamor. No por los Dominantes que tienen varios sumisos, sino por los sumisos que tienen el mismo Dominante. 

Yo les diría que no teman porque nadie puede quitarles el lugar que ocupan en el corazón de su Dominante, excepto... ustedes mismos. 

Si piensa que una persona lo arrancó de su corazón de un momento para otro, medite, razone, y quizás llegue a la conclusión de que jamás ocupó el lugar que imaginaba en ese corazón. Usted pudo haberlo deseado, pero es el otro quien decide si me deja entrar o no. Bueno, a veces puede que haya descuidos y...

Así que si usted logró entrar y tienen su espacio … cuide, adorne, vigile sus propias actitudes, ilumine y agrande lo más que pueda su lugar en el corazón del ser amado. Use la estrategia del amor, respeto, confianza, entrega y dele a su ser amado toda la libertad, sin invadir espacios, sin pisotear su intimidad.

Por supuesto que esta es mi manera de ver y sentir los celos. Gracias por leerme.

Mis respetos para todos, en especial para aquellos que me hicieron un huequito en su corazón.

anitaK

1 ENSEÑANZAS:

Anónimo dijo...

AnitaK siempre consigues hacerm reflexionar y darm cuenta de que tienes razón, el lugar o no q ocupamos debemos ganarlo con esfuerzo y no es algo robable. Gracias wapa

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