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miércoles, 26 de enero de 2011

Bueno, aquí regreso con el tema de los collares. La vez anterior les había contado de los diferentes tipos de collares, tres en total, que significaban la relación entre Amo/a-sumiso/a o Amo/a-esclavo/a. Aclaro que de aquí en más utilizaré la forma Amo-sumisa para referirme a la relación D/s, más allá del sexo o rol de los participantes (Amo/a, Dómina, Señor, o sumiso/a, esclavo/a, etc).

Hay difentes tipos de collares de acuerdo a la relación, como dije antes, o al juego, o a la situación o el momento. Y de eso me gustaría hablarles hoy, basando mi información en el “Diccionario multilingüe de BDSM”, de los autores Bartomeu Domènech y Sibil.la, de la Edicions Bellaterra del 2004.

Al introducirnos en el tema de los collares , lo primero que debería explicar sería qué es la “Collarización”: es la ceremonia en que el sumiso o esclavo acepta formalmente el collar que le ofrece su Dominante, convirtiéndose a partir de ese momento en propiedad de este, pudiendo variar el tiempo de acuerdo a lo convenido entre las partes.

Dependiendo de la relación, si esta es real, encontramos tres tipos donde el ornamento puede ser un collar, o una cadena o cualquier elemento dado por el Dominante y aceptado por el sumiso. Estos tres collares son los siguientes:

*Collar de consideración o de prueba. Este collar es el que indica que Dominante y sumiso “consideran” o “prueban” la posibilidad de comenzar una relación de iniciación o de propiedad. El ornamento puede ser un collar, o una cadena o cualquier elemento dado por el Dominante y aceptado por el sumiso por un período variable, previo a cualquier otra relación. Es un período de valoración y reflexión de una posible relación de iniciación, entrenamiento o propiedad. Este collar le indica al resto de la gente la existencia de una relación potencial e impide o limita el acercamiento de cualquier otro Dominante al sumiso.

*Collar de adiestramiento o entrenamiento. Es el collar que indica un avance en la relación, donde el sumiso acepta ser entrenado por su Dominante.

*Collar Definitivo o de Propiedad. Es similar al anillo de matrimonio. Indica una relación seria y formal, además de la intención de ambos de que la relación sea duradera. Si la relación es virtual o real y virtual, la simbología se complica un poco más, pero me parece muy interesante al menos, conocerla.

El símbolo convencional en internet para indicar una relación variable de pertenencia o protección. es el nick seguido, la mayoría de las veces, por una llave que contiene las iniciales de la otra parte. Si la usa el Dominante, indicará una preferencia o exclusividad con su sumiso. Este símbolo seguirá a su nick, indicando la o las iniciales del sumiso o esclavo. Si la usa el sumiso, indicará que es propiedad del Dominate y colocará la o las iniciales de este, con mayúsculas, entre los símbolos. Por ejemplo:

Relación cibernética - Amo {sm} o sumiso{AMO}

Relación real - Amo [sm] o sumiso[AMO]s

Relación cibernética y real – AMO{[sm]} o sumiso{[AMO]}

Los switch también tienen su collar virtual. Consiste en un acento grave seguido de la inicial o iniciales del Dominante:

switch`AMO

El collar virtual de iniciación consiste en una llave de abertura y la inicial o iniciales del Dominante: sumiso{AMO

El collar virtual de entrenamiento o adistramiento, consiste en una llave abierta, la inicial o iniciales del Dominante y un acento circunflejo:

Sumiso{AMO^

Otra forma también puede ser la inicial o iniciales del Dominante entre llaves, seguido de un acento grave y una t minúscula (del inglés tranning, adiestramiento).

sumiso{AMO`t

O también el acento grave precediendo la inicial o iniciales del dominante entre llaves:

sumiso`{AMO}

O el acento grave delante de la inicial del Dominante, pero se corre el peligro de confundirlo con un switch:

sumiso`AMO
El collar virtual de propiedad es el que indica la propiedad de un sumiso por parte de un Dominante, y consiste en la o las iniciales de este entre llaves, dependiendo de la relación:

Para relaciones cibernéticas: sumiso{AMO}

Para relaciones reales: sumiso[AMO]

Para relaciones cibernéticas y reales: sumiso{[AMO]}

Luego tenemos el collar virtual de protección de un sumiso por parte de un Dominante, que será un acento cincunflejo delante de la inicial o iniciales del Dominante. Este tipo de collar indica que el sumiso está bajo la protección de ese Dominante, manteniendo “a raya” a quienes quieran acosarlo o asediarlo:

sumiso^AMO
Finalmente, tenemos el collar virtual de prueba para un sumiso que lo obtiene antes de poseer ningún otro tipo de collar, y son las llaves vacías.

Sumiso{}

Dentro de los collares virtuales debemos recordar el collar virtual de quitaipon, que es el de aparición ràpida y fugaz, con cambios de propiedad más o menos habitual en un sumiso.

También hay diferentes tipos de collares dependiendo del momento o del uso que se les de, pero ya en real:

Collar de bondage: Collar u otro elemento decorativo alrededor del cuello de un sumiso, hecho con el mismo material que se ha utilizado para hacerle el bondage.

Collar de castigo: Correa de cuero o aro de metal con argollas para unirse a una cadena de guía y/o mantener las manos en posición cercana a la cabeza, que se pone al cuello del sumiso como castigo. También se conoce con este nombre a la correa con púas hacia el exterior (a veces también al interior) que le impide al sumiso inclinar, torcer o apoyar la cabeza.

Collar de inmovilización: Correa de cuero o aro de metal con argollas de anclaje para unir a un punto fijo. Van situadas a los lados y se le pone al cuello del sumiso para inmovilizarlo. Puede tener correas o anillas para inmovilizar las manos en la parte posterior.

Collar de juego: es el que se usa exclusivamente para las sesiones

Collar de paseo: es el que se utiliza para las escenas de animalización para obligar al sumiso a andar en cuatro patas. También se llama así al collar decorativo y vistoso que se le pone al sumiso para las exhibiciones o lugares públicos.
Collar de propiedad: Es la cadena, correa o cualquier otro elemento ornamental que el Amo le ofrece a su sumiso para indicar públicamente su posesión. Por lo general es una correa de cuero negra o cadena metálica adornada con distinos elementos, u objetos de latón o plata, todo de diseño original y exclusivo.

Collar de protección: Correa o cadena que un sumiso sin Amo luce en un acontecimiento público, para indicar que se encuentra bajo la protección de un Dominante presente y evitar el acoso.
Bueno, con esto doy por culminado, al menos por ahora, el tema de los collares. Espero no haberlos aburrido demasiado, pero en un mundo tan protocolar como el BDSM, creo que es algo que, al menos yo como sumisa, quiero conocer y saber.

Un saludo para todos,
anitaK[SW]

domingo, 13 de abril de 2008

autora: anitaK[SW]

Dicen que el Maestro llega cuando el alumno está preparado. Como ya expliqué en el post anterior, siempre tuve reprimida a la sumisa, pero había llegado la hora de liberarla. Aquella noche Sir Williams me colocaría el collar de consideración y comenzaría mi camino como sumisa.

Las indicaciones que me dio eran básicas y de fácil comprensión: vestido negro, ropa interior negra y unos juguetes que yo tenía. Durante la cena no me fue fácil sostener su mirada, sus ojos verdes pretendían hipnotizarme, lo que me obligaba a bajar la vista para recuperar fuerzas y poder enfrentarlo nuevamente.

Camino al hotel me preguntó si tenía una hoja de papel, algo donde se pudiera escribir. Pensé que querría hacer alguna anotación personal así que le ofrecí lo único que tenía: una boleta de compra con la parte de atrás en blanco. Estaba levemente arrugada y mal doblada, pero no le dio importancia a esos detalles.

Al entrar en la habitación me indicó que fuera al baño, me quitara las bragas, me colocara el plug que yo misma había llevado y esperara a ser llamada. Era la primera orden que recibía y no pensaba discutirla. No le estaba hablando a la spankee (que hubiese protestado sin pensarlo), sino que la orden era para la sumisa que yo pretendía ser. Obedecí al pie de la letra. Al colocarme el plug y estar sin ropa interior sentí un poco de temor de que se me cayera, pero eso no era lo peor, sino que estaba logrando lo que yo suponía: humillarme. Era una orden tan humillante como excitante.

Mi cabeza era una maraña de emociones encontradas. Sentía confusión, miedo a lo desconocido, intriga, algo de sometimiento y una pizca de dominación. Todo eso mezclado en un brebaje que yo tomaba a grandes sorbos. Me sentaba y me paraba por miedo a que se me saliera el plug; esperaba y pensaba mientras trataba de descifrar los ruidos que provenían de la habitación...

Las preguntas se agolpaban en mi mente y chocaban unas con otras… ¿Qué es una sumisa? ¿Cuál es la diferencia con la spankee? ¿Estaba segura de este paso? ¿Qué me esperaría de ahora en más? ¿Estaría haciendo lo correcto? ¿Sería el mundo de la sumisión y del BDSM lo que siempre había pensado, o sería cómo me lo describía Sir Williams?

Y Sir Williams… ¿Sería un Amo perverso? ¿Sería el mundo del BDSM tan terrible como lo imaginamos los spankos? Cada segundo presentaba nuevas dudas, cada momento era una encrucijada entre quedarme parada con los ojos vendados en del nuevo camino o aceptar que él me dirigiera, entregarme y confiar.

Además, era demasiado tarde para huir, mis piernas no me responderían, pero… ¿quería huir realmente? No, por supuesto que no. Tal vez mi cuerpo deseara correr, pero mi mente y mi espíritu sólo deseaban entregarse.

La puerta chocó con mi cuerpo al intentar abrirse. El que sería mi Amo notó mi turbación y me preguntó cómo me sentía. ¡Ja, linda pregunta! Como si fuese fácil explicar aquel torrente de ideas y emociones. Así que tomé el camino corto y le contesté: “bien”.

-¿Tenés puesto el plug?
-Sí Señor
-Bien... más vale que no se te caiga –me dijo con una mirada dura pero dulce a la vez, mientras estiraba su mano para guiarme fuera de ese recinto.

Sus manos estaban cálidas y al estar en contacto con él me calmé. Me invitó a salir y recordé “las puertas del Sr. Pérez” de Carlos Trillo y Horacio Altuna (gracias Señor Modesto!), donde al abrir la puerta del baño se introduce en sus sueños y fantasías. Y aquí iba yo a hacer realidad mis sueños mas ocultos... tras los pasos de mi Amo por primera vez.

La habitación estaba en penumbras, pero la cantidad de velas estratégicamente dispuestas en diferentes puntos, le daban calidez y romanticismo al ambiente. Todo eso me cautivó… ¿Era esta la terrible mazmorra del Castillo del BDSM?

Me llevó hasta el borde de la cama y empujó mis hombros hacia abajo. ¿Quería que me arrodillara? Lo miré fijo a los ojos y me dijo: “arrodillate”. Lo hice. Me hizo recoger el pelo y me colocó el collar que desde ese momento estaría en mi poder, bajo mi custodia, por lo que debería cuidarlo y honrarlo. Ese sencillo acto fue una delicia de sensaciones, pero lo que más quiero destacar es el sentimiento de pertenencia.

Rocé el collar con la yema de mis dedos. Era simple y elegante, con una argolla en el medio que unía las dos tiras de cuero, remachadas por con dos tachas del mismo color que la argolla. Eso era el exterior, lo que se veía. Pero... ¿qué sentía yo interiormente? ¿Que amaba a mi Amo? No, no todavía. ¿Que le pertenecía? Sí, más que antes. ¿Que era suya en cuerpo y alma? ¡Ja! Ni en sueños. Entonces... ¿porqué me sentía diferente, especial, feliz, etérea, cuidada, mimada, dominada y... sí, sometida a pesar de que él no había hecho absolutamente nada aún, “sólo” colocarme el collar?

Desde el momento en que me propuso ser su sumisa, había estado leyendo bastante sobre los collares: tipos, significados, etapas, contratos... Ese era mi collar de “consideración”. Comenzaba la primera etapa donde mi Amo vería mis aptitudes y actitudes para considerar si yo reunía las condiciones para ser su sumisa o no, y considerar yo si esto era lo que yo deseaba y si era Sir Williams quien seria mi Amo .

Separando el dormitorio del resto de la habitación, había un pequeño muro sobre el que descansaba un escaparate de vidrio. Mi Amo me llevó hasta ahí y me señaló un papel y un lápiz. Reconocí inmediatamente el papel: era la boleta que había encontrado en mi bolso.

-Quiero que escribas el contrato. Será un contrato sólo por esta noche.

Lo quedé mirando... ¿Redactar yo un contrato de sumisión?

-Pero Señor... yo no sé cómo hacer eso.
-Simplemente escribí tu nombre, tus límites, decí que el contrato es por el día de hoy y agregá todo lo que desees...

Sin saber mucho qué hacer, tomé lápiz y papel y lo apoyé sobre el mueble de vidrio, que me quedaba a una altura perfecta.

-¡No! ahí no... -Su voz resonó como un trueno en el silencio de la habitación- ¡Acá! –dijo arrancando el papel de mis manos y poniendolo sobre el muro. Su actitud dominante me fascinó.

-Pero me queda muy abajo, me tengo que agachar mucho –repliqué yo inocentemente. Sonrió, y sin apartar sus ojos de mí me dijo: “Esa es la idea”.

No hizo falta que agregara nada más. Comprendí inmediatamente que en esa pose me quería. En silencio comprendí que aquella era, aunque muy leve, mi segunda humillación. En una pose incómoda, agachada, con la cabeza baja, estaba escribiendo en pocas palabras mi entrada en la sumisión. Hoy leo el contrato y me parece muy tonto, porque lo es, pero también es una joyita porque su sola vista me trae gratos recuerdos.

Una vez con el contrato en la mano, lo miró y me miró. Su cara dibujó una sonrisa que aún hoy me pregunto si fue de sorna, de burla, de simpatía o… no sé.

No quiero entrar en detalles íntimos, pero sí quiero destacar que el bondage que me hizo, a pesar de no ser demasiado complicado, me gustó y me excitó muchísimo. Pero también hizo que me sintiera torpe y humillada una vez más. Nunca había sido atada de esa forma y mis quejas llegaron a sus oídos. No podía ver sus ojos pero los imaginé echando chispas cuando me dijo con voz dura y potente:

-¿Te estás quejando?

No. No podía admitir que me quejaba. Pero en su sabiduría y experiencia supo cómo aliviar aquella incomodidad. Momentáneamente claro, porque estaba a punto de llegar… mi primera prueba de spanking en el BDSM.

El rebenque fue demasiado para mí. Admito que hubo una micra de segundo que estuve a punto de gritar porque el dolor fue mucho, pero el placer lo superó. El estado emocional era muy fuerte, la mezcla de sensaciones, emociones y vivencias hizo que por primera vez lograra llorar.

Mi Amo no lo sabe pero… confieso que le robé cada uno de esos azotes, me quedé con ellos y pienso no regresárselos nunca más. Son míos, me pertenecen y están guardados bajo llave en mi memoria y en mi corazón…

Recuerdo las velas, la cera cayendo y dándome la sensación de que me perforaba la carne y la piel, roja por los azotes y sensible por tantas emociones. Pero entonces llegaba su mano fresca, sus dedos rozándome y sus uñas raspándome. Sólo por eso, por sus mágicas caricias, valió la pena sentir el calor de la cera.

La posición en que me encontraba me quitaba la visión de su persona, y eso hacía que mi oído, mi tacto y mi olfato se agudizaran más.

Su voz con diferentes tonos, convertida en trueno o en susurro envolvente me convierte en su cautiva toda aquella dulce noche. Sus ojos, su verde mirada se me hizo irresistible al punto de no poder sostenerla. Y su aroma, el olor a “él”, me embriagó como el más exquisito perfume…

Esa noche hubo un poquito de todo: bondage, humillación, spanking, cera y alguna cosa más. Pero además de todo eso, lo importante fueron las emociones vividas, los sentimientos que quedaron grabados en mi mente, y los recuerdos que guardo en mi corazón.


El collar de consideración cambiará en estos días por el de entrenamiento. Ese será otro momento, otro contrato, otros sentimientos y otras emociones, pero... con el mismo Amo, caminando juntos hacia mi completa sumisión.

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